martes, 7 de octubre de 2014

Enfermeras uniformadas...

Todos aquellos que me conocen saben que me gusta ir cómoda, así que trabajar en pijama es una de las razones por las que, además, me gusta ser enfermera.
Estudié en una uni donde había que uniformarse con cofia incluida. Aquello era lo más incómodo del mundo y ponerse aquel delantal estrecho era lo que más odiaba de las prácticas. En mi vida laboral siempre he utilizado pijamas, así que hace mucho años que no sufro las horquillas clavadas en el pelo para sostener la cofia a la cabeza.
Los uniformes de las enfermeras no son batitas cortas y con escote, como muchos piensan o al menos han soñado alguna vez en su vida. Siento decepcionar a los que ven en el uso de jeringas un mensaje subliminal, las jeringas suelen hacer daño, aviso. Los pijamas constan de pantalón ancho y casaca aún más ancha y cómoda, cuando hace frío ponemos una bata blanca y en los pies se llevan zuecos blancos.Los complementos suelen ir dentro de los bolsillos en forma de bolis, libretas, esparadrapos,tijeras,algún tapón, abocaths,compresor, un par de jeringas con suero... Para los que pensais en el tamaño de los bolsillos debo deciros que SÍ, son bolsillos enormes. Esta es la teoría pero debo decir que la imaginación y la personalidad de cada una marca la diferencia en sus trajes haciendo que éstos no sean tan feos, tan blancos y tan... uniformes. En estos detalles podemos encontrar la diversidad dentro del mundo de las enfermeras.
En la ropa en sí ya hay marcadas diferencias entre unas y otras, las hay que se piden tallas ceñidas y desabrochan el botón de arriba para crear un falso escote en V, luego están las que son como yo que pedimos talla más grande de pantalón para ir amplias y últimamente, estoy observando en los enfermerOs jóvenes que llevan pantalones caidos.
Los zuecos. El mundo del calzado sanitario es amplio y es lo que más me gusta observar entre las compañeras ya que creo que dice mucho de la persona el calzado que lleva. Cuando sólo ves a las personas con uniforme es difícil saber cómo es su estilo en la calle, mirando sus pies te llevas una gran información. La teoría dice que debemos llevar un calzado reglamentario, creo que eso es un error de estilismo enfermero. Tienen que dejar que expresemos nuestro YO en el calzado. Los zuecos crocs son la revolución, son comodísimos y con un diseño informal pero profesional y además te permiten adornarlos con algún pin de animal o personaje de comic, ejem, ese es mi caso, lo admito. Hay gente que lleva zuecos de colores, de silicona y luego están algunas que llevan zapatillas de deporte blancas. Reconozco que estas últimas son las que mejor me caen, suelen ser personas dinámicas y divertidas.

Los bolis, son otro punto diferenciador entre nosotras. Puedes reconocer a la enfermera que trabaja en pediatría porque siempre llevará un boli con una enorme cabeza de muñeco con el que entretendrá a los peques mientras les prepara algún pinchazo. Las que trabajamos con adultos llevamos bolis normales, siempre de click, casi nunca de tapa porque las tapas siempre se pierden y los bolis suelen teñir nuestros uniformes de tinta.
Sobre lo que nos ponemos encima cuando hace frío también hay grandes diferencias. Hay la que nunca tiene frío y va siempre en manga corta o la friolera como yo que lleva siempre la bata por si refresca. Luego está la que lleva una chaqueta....¿por qué siempre las chaquetas de enfermera son azul marino? Y luego está la despistada que siempre olvida la bata y tiene que ponerse encima una chaqueta de pijama de paciente o una de esas batas de papel de los pacientes aislados.
Por último no puedo dejar de mencionar un complemento que se puso de moda hace un par de años, las muñecas de enfermera colgadas en forma de broche en los uniformes. Hay miles de modelos y su rasgo característico suele ser un pelo muy alborotado, no se si será un mensaje de la locura que suele acompañar a las enfermeras, creo que sí.
Como veis no somos tan uniformes como creíamos, cada una expresa su personalidad en la ropa de trabajo o en los complementos. Hay algunas que van perfectamente maquilladas,con el pelo al viento o con joyas a juego o hay otras que vamos con la cara lavada, con una pulsera de hilo como mucho y que llevamos el pelo en una cola que nos quitamos al final del turno. Hay muchos tipos de enfermeras, fijaos y os sorprendereís.

martes, 9 de septiembre de 2014

Cosas que pasan cuando estás de vacaciones...

Se terminaron las vacaciones y ya estamos inmersos en un nuevo curso. Septiembre es una época de cambios, yo suelo hacer balance del año y pongo en una balanza aquello que me sirve y aquello que me sobra. Es época de ordenar de nuevo la dieta, los hábitos saludables como el deporte y para luchar contra el desanimo que a todos nos provoca el otoño comienzo a idear próximas escapadas o planes de futuro que adornen un poco el tedioso día a día, turno a turno. Tengo entre manos el inicio de algún curso y como leí en un libro, no hace mucho, hay que plantearse las cosas de la vida como "juegos". Todo aquello que nos divierta es bienvenido, hay que aprender incluso a "jugar" en el trabajo, hay que reirse más. Este es otro de mis nuevos planteamientos.
La evolución de nuestro nuevo hospital será protagonista en alguna nueva entrada, hoy quiero hablar de la mirada de la enfermera cuando está de vacaciones.
La deformación profesional de la enfermera me acompaña en mis ratos libres y en vacaciones más aún ya que estoy más relajada y miro más a mi alrededor. Reconozco que soy observadora y me fijo en las personas que pasan por mi lado, en la playa me encanta escuchar las conversaciones ajenas (soy culpable) y muchas de éstas giran entorno a la salud. Sonrío disimulada cuando hablan de tomar un "termagil" o hablan de su "diabetis". El otro día vi a un grupo de señoras mayores merendando las típicas galletas príncipe que mi abuela escondía en el bolso cuando íbamos a la playa. Después de la merendola veo cómo una de ellas se aplica sin ningún tipo de reparos la dosis de insulina en el brazo izquierdo, sólo siendo enfermera una le puede ver la gracia a eso.
En la playa también me llevo las manos a la cabeza cuando veo esos brazos tatuados de arriba a abajo mientras pienso "dónde pincharía yo a este en ese brazo". La gente debería pensar más en cuando se pongan enfermos antes de convertir sus venas en potenciales puertas de entrada a tintas de colores. Me fijo también en aquellas chicas que "parirán con dolor" ya que tienen tatuajes justo en la vertebra que hay que infiltrar para la anestesia epidural, ¡toma parto natural!Las venas son nuestra obsesión y a una enfermera se le cae la baba con un brazo atlético no por su atractivo si no por esas venas que llamamos "cañón" para las que calculamos el calibre del abocath que usaríamos.
 Los parches. Siempre pienso si será de nicotina, de nitroglicerina, de hormonas o de morfina. Hago un escaneo completo a su portador. Luego están las cicatrices, siempre pienso qué le sucedería a la persona y casi siempre llego a la conclusión de que son de prótesis de rodilla, de hernias o de apendicitis. Como veis le deseo males muy llevaderos a mis compañeros de playa. Las quemaduras solares son otro mal que hace saltar mi mirada, ¿cómo hay gente que toma el sol con esa piel en tensión y roja como el fuego?, ¡están locos!
El otro día en mi jornada de playa estuve preocupada por el bebé que tenía al lado, era en Tenerife, las cuatro de la tarde, agosto y el bebé no llevaba nada encima, ni una gorrita, ni vi al padre darle agua ni una vez. A punto estuve de irme por lo nerviosa que me puso.
Hace unos años en aquella misma playa la enfermera en vacaciones tuvo que acudir en ayuda de tres personas que habían caido desde el paseo a las rocas, ayudé a los policias y bomberos al triaje y en especial a calmar el ataque de nervios de una de las accidentadas que al oir "tranquila que soy enfermera" parece que ya estaba más aliviada de su dolor. En otra ocasión atendí a un guiri con una hipoglucemia en medio de un festival de villancicos.
Como veis ni en vacaciones una deja de ser enfermera ya que en mis ratos libres también recibo llamadas
de familiares para comentarme resultados de analíticas o mis amigos que me piden consejo de qué pastilla tomarse para poder dormir o buscan en mí la seguridad de que las decisiones que toman respecto a sus problemas de salud ya sean insomnio, malas digestiones, dolores articulares o heridas de zapatos son correctas. Tener una enfermera en casa siempre ayuda aunque a veces somos aquellas a las que menos caso hacen, eso sí siempre buscarán nuestra aprobación.
Me gusta ser enfermera, me gusta ser necesaria para aquellos a los que quiero y me gusta no dejar de ser lo que soy incluso en vacaciones.

miércoles, 16 de julio de 2014

Vacaciones!

Por fin llega la deseada fecha de las vacaciones!!!! Mi cuerpo necesita descanso y desconexión de turnos y trabajo. Este primer mes en el nuevo hospital está resultando duro. Los cambios son difíciles de asumir y además de cambiar de ubicación hemos cambiado de metodología de trabajo, de compañeras y hasta el turno es diferente. Estas dos últimas semanas he hecho dos noches seguidas, mi cuerpo no estaba acostumbrado y reconozco que estoy cansada, mi espalda acaba en forma de siete y las piernas me pesan más de lo normal. Tengo un sueño que ni durmiendo desaparece, así que creo que es la hora de descansar.
Necesito de sol y playa y eso es lo que tengo planeado, he colgado los zuecos y dejo atrás todos los problemas del día a día laboral.
Se rumorea que en octubre habrá nuevos cambios y teniendo en cuenta que las condiciones laborales cada vez son más complicadas, tengo miedo a que el año que viene no haya ni vacaciones, así que voy a dirsfrutar de tener cartelera y tiempo libre programado porque todo es susceptible de empeorar.
En los hospitales siempre hay muchos rumores, yo siempre intento hacerme impermeable a ellos, ya que hay personas que son aún más negativas que yo y por esa misma razón huyo de ellas y de sus conversaciones basadas en malas noticias. Quiero sol, quiero luz y quiero gente positiva porque si algo nos enseña nuestra profesión es que la vida ya se dedica a ponerte barreras sin necesidad de hablar de ellas antes de tiempo.
Yo sólo espero venir con las pilas cargadas y con nuevas ilusiones ya que ando escasa de ellas en estas últimas semanas.
Gracias por leerme y espero que nos sigamos "viendo" por aquí.

viernes, 27 de junio de 2014

Un robot llamado "Manolín"

Una de las mayores novedades en nuestro nuevo hospital es "Manolín", un robot bautizado así por el personal de mantenimiento. En nuestra tierra es muy común ponerle nombres a las cosas, tenemos muchos ejemplos en toda nuestra geografía, demostrando así que la imaginación de la gente no tiene límites. "Manolín" es el último invento que ha desembarcado en nuestra tierra. En el futuro será un trabajador silencioso y muy servil, actualmente está en fase de pruebas y aún es habitual encontrárselo atascado en algún ascensor mientras espera las órdenes de algún informático que desde su ordenador corrige su ruta. En todo el hospital hay una decena de "Manolines" que van a dedicarse al transporte de mercancías a lo largo de los pasillos del hospital, algunas galerías son específicas para los robots, en algunos tramos se encuentra con personal sanitario,nunca con usuarios. Este detalle es muy interesante y es que en nuestro nuevo hospital hay zonas que son sólo para los profesionales, las puertas separan pasillos de pacientes de pasillos para trabajadores, "Manolín" transitará por estas zonas.
 Cuando el robot deja el carro de comida (de momento es el uso que estamos dando a "Manolín) suena un timbre que avisa de su llegada. Los timbres nos vuelven locas, todos nos suenan igual. El microondas, el carro de medicación, el timbre del paciente, el timbre de la batería de los monitores, el timbre de los ascensores, el avisador de que "Manolín" llega, el pitidito del tensiometro, el teléfono...  Así que lo mismo vamos a recoger el carro que el robot nos deja aparcado en sus vías o atendemos a un paciente que toca al timbre o  tratamos de sacar a un enfermo del microondas o contestar una llamada en el ascensor. Estos equivocos pueden darse ya que el que pensó en los pitidos se olvidó de que fueran al menos más diferentes para que nuestro aturdido cerebro pudiera estar menos confuso.
La logística es el conjunto de medios y métodos para llevar a cabo la organización de una empresa. Pues los expertos en logística del hospital creen que las acciones tediosas y repetitivas que requieren una puntualidad y una repetición diaria pueden ser desempeñadas por un robot que será mucho más efectivo que esos señores silenciosos que nos repartían los carros de las comidas o de lencería en el viejo y cada vez más anticuado hospital.

Todos los pacientes y los trabajadores con sus móviles en la mano acuden a los miles de timbres que suenan a diario en un turno de hospital y si tienen suerte de distinguir el pi pi pi correcto verán salir del ascensor el carro de las comidas guiado por un bloque metálico y automático situado en su parte posterior. Aparca en unas vías metálicas marcadas en el suelo donde hay unos topes. El contacto del carro con esos topes activa una luz y un avisador y las compañeras cuando recogen los carros de las comidas de vuelta deben colocarlo en contacto con esos topes. Este contacto chiva a "Manolín" que puede venir a recoger el carro y en unos 4 minutos aparece él solito en un ascensor especial para el transporte de mercancias (nunca para personas de fuera del hospital), se vuelve a introducir en la parte inferior del carro y siguiendo la ruta que un informático le ha marcado vuelve a su lugar de origen. El ascensor marca él solo la planta correspondiente gracias a las instrucciones que desde su portátil ha tecleado el experto. Todos miramos anonadados este proceso y nos preguntamos si es de verdad necesario y si esta inversión ha jubilado a estos señores que antes nos aparcaban los carros o si por el contrario habrá aliviado sus espaldas del peso de este trabajo tan poco motivador.
Yo miro con ojos muy curiosos todos estos avances ya que me parece pura magia que esto pueda suceder pero también me lleva a una reflexión... ¿Dejaremos de ser necesarias las enfermeras también?

viernes, 20 de junio de 2014

La primera semana en el nuevo hospital

Los primeros días han sido muy difíciles. Tengo sentimientos encontrados, ilusión contra decepción, orgullo contra ingratitud, tranquilidad contra nerviosismo... y así podría seguir durante unas cuantas lineas ya que los sentimientos positivos se afectan con los negativos subiéndome en una montaña rusa que me recuerda a los primeros días en los que me puse frente a un paciente hace ya unos 13 años. Los cambios nos hacen estar alerta y nos hacen evolucionar, es complicado cambiar hábitos adquiridos durante años y todos esperábamos que fuera difícil enfrentarnos a un forma nueva de trabajar en la que los papeles iban a dejar paso a un sistema completamente informatizado e incluso robotizado, pasamos de un plumazo de los años setenta al año dosmilcatorce.

 Yo personalmente no esperaba que me resultara tan complicado como me está siendo. Veo a compañeras sobrepasadas por la situación pero también veo con orgullo (y aquí está la otra cara de la moneda) cómo los profesionales sabemos priorizar y dar el papel protagonista de esta complicada circunstancia a los pacientes. Tenemos muy claro que trabajamos con personas y no con máquinas y estamos sabiendo dejar de lado los problemas técnicos para pelear con uñas y dientes contra la marea de problemas y lograr la confortabilidad de nuestros usuarios (estos días más que nunca, pacientes). Destaco así el orgullo que siento de formar parte de la profesión ya que las compañeras que me rodean está preocupadas por sus pacientes, luchan por tener a tiempo la medicación, no dejan que nadie tenga dolor y que nadie espere más de la cuenta por nada. La complejidad del asunto se plantea cuando lo que es para nosotros "trabajo" es para los que están al otro lado su salud y todos sabemos que no hay nada en este mundo más importante que la salud de uno mismo y de sus seres queridos. Conocer esto implica un peso sobre los hombros de los profesionales sanitarios que no perdemos de vista este dato pero que a veces tenemos que luchar contra un entramado complejísimo de profesionales, médicos, celadores,limpiadoras,farmaceúticos,dietistas,técnicos,auxiliares de enfermería,pinches de cocina,familiares,personal de seguridad,coordinadores de enfermería,telefonistas,administrativos,cocineras y ahora más que nunca informáticos... Algunos de estos sectores no trabajan cara a cara con los enfermermos y auque no es mi intención desdeñar su labor sí que reconozco que su papel es siempre un poco más relajado que aquellos que tienen que enfrentar las necesidades de los enfermermos y de sus familiares. Como seres humanos que somos no somos perfectos por tanto que este gigante llamado hospital funcione a la perfección es algo francamente complicado.
Estoy ilusionada con que estos problemas se vayan solucionando y podamos sacar partido al avance que supone tener en nuestras manos una tecnología tan puntera como la que tenemos, pero de momento esta ilusión está empañada con la frustación de quien no puede hacer nada más que atender a sus pacientes como siempre, teniendo en cuenta las prioridades y procurando cubrirlas aunque esto signifique darse de bruces con una realidad que está entorpeciendo el desempeño de nuestras labores.
Esto está siendo más que una mudanza en la que las cajas están aún por desempaquetar, está siendo una mudanza de siglo, una crisis, de la que vamos a salir con fuerzas tirando de nuestros nuevos carritos con pantalla.Vamos a sacar adelante este reto. VAMOS!!!!!!!

lunes, 9 de junio de 2014

Toca cerrar la planta...

Se cerró nuestra planta. Los pasillos están ahora vacios y silenciosos, las luces apagadas, los armarios y estanterías están limpias y todo el material está en cajas.
El cierre de una planta es un procedimiento habitual en los meses de verano pero está vez sabemos que ya no va a haber ningún paciente en las habitaciones pares de la sexta planta y que los timbres no van a sonar nunca más. La historia de la planta se acaba aquí y nosotras somos parte de ese acontecimiento.
Hemos tenido que seleccionar aquellos materiales que creemos que podremos usar en el nuevo hospital o que al menos nos rescaten los primeros días de los posibles fallos en el funcionamiento de la tecnologia novedosa que vamos a manejar a partir del día 15 de este mes. Nuestra intuición nos ha guiado en el proceso de empaquetado y aunque sabemos que nuestra metodología de trabajo va a cambiar de una manera radical, en nuestras cajas van carpertas metálicas para las historias médicas de papel, tensiómetros manuales, volantes para peticiones de pruebas diagnósticas, pegatinas de papel, carpetas de cartón de esas azules, calendarios de publicidad y un largo etc que poco a poco irá desapareciendo de nuestra cotidianidad. Las cajas están todas apiladas y seleccionadas con pegatinas identificativas que marcan la prioridad en su transporte. Se han quedado en la unidad elementos que ya hemos desterrado con muchas ganas, papel de calco (síiii aún había papel de calco), el hornillo que se usaba para calentar la leche, los míticos dosifix, nuestras camas con palancas y barandillas manuales, las tomas de oxígeno que erámos incapaces de hacer que funcionasen, los sofás mil veces tapizados, los palos de gotero que había que arrastrar en vez de hacer rodar, las mesitas, algunas de ellas cojas, los carros de curas con sus bomboneras de gasas y con unas ruedas que hacían un ruido ensordecedor, el carro de paradas que estaba aparcado en la esquina de la planta y donde los nervios no nos dejaban nunca encontrar nada, las lámparas de las cabeceras de las camas, los ganchos metálicos para las bolsas de diurésis (que a mí siempre me parecieron perchas), los carros de la ropa de las camas que eran enormes amarios con ruedas y cuyas puertas ya sujetábamos con trozos de cartón, los timbres en forma de pera que día sí día no el eléctricista tenía que arreglar porque se ponía a tocar solo, los libros de cuidados...



 Dejamos también nuestro cuarto de enfermería con el flexo fundido, la mesa coja para darnos el cambio de turno, la mesita con revistas de seis meses atrás, los armarios donde guardábamos las infusiones o cafés de cada compañera, el armario donde metíamos el bolso y cuya llave ya habíamos perdido unas cuatro veces, el corcho donde pegábamos con chinchetas nuestras peticiones de días libres y un sinfín de avisos y anuncios, nuestro almacén que hacía las veces de vestuario entre las cajas de gasas y sondas nasogástricas...
Seguiremos usando nuestra mediación, apósitos, gasas, agujas y jeringas, sondas de todo tipo de grosor, sueros, alimentaciones enterales, tapones, guantes, llaves de tres vías, sistemas de suero, bombas de perfusión de varias marcas, pañales, empapadores, pomadas, desinfectantes, vendas de todo tipo de anchuras, esparadrapos, tubos de analíticas, abocaths... Por fortuna no todo va a cambiar.
Dejamos también muchas horas de nuestra vida. El día a día con nuestras compañeras que son casi de la familia y la experiencia que allí hemos ido adquiriendo nos lo llevamos con nosotras en nuestro recuerdo y para siempre.
Al terminar de empaquetar todo lo que creímos necesario apagamos las luces y la desolación se apoderó del lugar, me da penita pero al mismo tiempo tengo ganas de ver qué toca ahora, cómo me voy a adaptar y cómo es eso de trabajar al modo de los hospitales del siglo XXI. Si Florence Nightingale levantara la cabeza no se yo lo que opinaría.
Me intriga también qué va a pasar cuando las enfermeras tengamos metida la cabeza en un monitor de ordenador, ¿cambiará nuestra manera de relacionarnos con el paciente? ¿charlaremos menos rato con las compañeras mientras pasamos las constantes a las gráficas?
 En sanidad la mayoría somos mujeres, eso hace que tengamos una vida social muy movida en las plantas, No se si esto es por el factor femenimo mayoritario o es porque nos necesitamos mutuamente y el trabajo en equipo es más ameno cuando conoces y comprendes a tus compañeras. Todas tenemos días malos, todas tenemos un carácter, surgen amistades e incluso enemistades. No se si estó se verá modificado por la entrada en escena de los ordenadores y los robots. ¿La eficiencia se consigue con la una mayor tecnificación o con que los trabajadores seamos felices y el ambiente sea agradable? Hay que reflexionar.
Hoy es mi última noche en el viejo hospital, estos días hay muchos últimos momentos... Toca irse despidiendo. Vamoooooooossssss!!!!!!

martes, 3 de junio de 2014

Ruta turística hospitalaria!!

Hoy nos hemos dejado los zuecos en las taquillas del viejo hospital y nos hemos puesto nuestras mejores galas para dar una vuelta por los pasillos inmaculados y repletos de cables del nuevo edificio.
 La aventura ha comenzado ya en el autobús y es que la pequeña siesta que voy dando de camino al trabajo se ha visto interrumpida prematuramente por una inesperada parada a las 7:22 de la mañana. Con los ojos medio cerrados he cogido la chaqueta, el pañuelo, el bolso y la bolsa con el desayuno como cuando de pequeños nos llevaban a visitar Cabárceno.
 A mi llegada, los alrededores estaban desiertos y gracias al cielo me encontré con un vigilante de seguridad con cara de saber mucho más que yo de la ubicación en la que me encontraba. Mientras me acercaba a él iba pensando en cómo preguntar por dónde se entraba sin parecer demasiado idiota. No me miró con mala cara, así que me temo que no debo ser la única sin saber ni donde estoy ni a donde tengo que ir.
Las tres primeras horas se podrían titular "El ordenador, ese nuevo aliado que te vuelve loca". Esto puede dar mucho juego en futuras entradas ya que pasamos de tener cientos de papeles y notas pegadas por las paredes a enfrentarnos a una pantalla de ordenador donde las carpetas,menús, desplegables,archivos, botones,clicks,ticks,actualizaciones y rutas interactivas varias se agolpan frente a nosotras sin piedad aunque  sean las ocho de la mañana. ¿Qué haré con mi libreta de apuntes? ¿Tendré que comprarme una tablet para ir a juego con los tiempos? ¿Me estaré haciendo mayor? ¿Seré de las que dicen continuamente "esto se hacía así... DE TODA LA VIDA"? Me están entrando escalofrios, necesito cuidados de enfermería no estandarizados basados en una tila y un abanico. El ordenador tendrá el honor de protagonizar futuras entradas.
La media hora de descanso sirvió para que nuestro olfato de enfermeras avezadas descubriera la única cafetería abierta en todo el complejo hospitalario. Ahí es donde los chismes y comentarios van a tener lugar en el futuro, hoy ha servido para darnos una pausa en una mañana frenética e intensa en la que la información nos salía por las orejas.
El resto de la jornada la hemos dedicado a recorrer los pasillos de ese enorme edificio detrás de unas afónicas supervisoras a las que sólo les faltaba el paragüas amarillo que llevan los guias chinos en Sevilla.
Un mapa creo que no estaría de más porque ya de por sí los hospitales son complicados de recorrer y en este caso más aún porque hay pocas señales indicadoras. En la zona que ya está en uso, hay multiples "chalecos azules" que indican a los pacientes despistados que vienen a su primera consulta en "tierra de nadie".
Lo que más claro me ha quedado es que... hay puertas por las que se entran pero no se sale, las taquillas están al otro extremo de mi planta y que una puede traerse una maleta porque igual no encuentra la puerta que sirve para salir pero no para entrar. No nos vendría mal un bocadillo y un agua para hacer una parada entre que buscas la planta y llegas.

Una cosa importante, desde aquí pido a mi familia y amigos que en un año mínimo no me sugieran que vaya   a visitar a un amigo de la prima de la cuñada de mi hermano porque para pasar de planta a planta hay que bajar y subir un par de veces. Así que no presumaís de conocer a una enfermera durante una temporada.
La planta tipo que nos han enseñado es como si de repente te sacan de un chiringuito de playa donde sirven bocatas y te meten en un restaurante del centro de una ciudad. Las caras de alucinadas eran como para enmarcarlas, igual que cuando mi abuela mira la pantalla del ordenador y dice "pero, ¿cómo está tu cara ahí?" y tu le dices "es por internet" y dice "ahhhhhhhhhhhhh". El dialogo entre la "guía sin paragüas amarillo" y nosotras era similar.
- Este es el carro del tensiómetro, tomais la tensión y la cifra se vuelca en la historia del paciente a través de wifi y se aloja en un servidor donde el médico lo puede consultar.
-¡Ahhhhhhhhhhhh!¿ No hay que estar media hora abriendo carpetas, buscando gráficas y pasando constantes con bolis de colores?
- El médico te puede pedir una prueba o cambiar una orden desde cualquier punto del hospital y lo verás en una pantalla que se pondrá naranja.
- ¡Ahhhhhhhhhhhhh!
- Hay tubos neumáticos para enviar las muestras en cada planta.
-¡Ahhhhhhhhhhhhh!
-Cada enfermera tendrá su carro de curas, su carro de medicacíón con ordenador.
-¡Ahhhhhhhhhhhhh!
-Las camas son automáticas.
-¡Ahhhhhhhhhhhhh!
-Se puede contestar un timbre desde una habitación y hablar con el paciente por micro.
-¡Ahhhhhhhhhhhhhh!
-Hay desfibrilador en cada planta.
-¡Ahhhhhhhhhhhhhh!
No se, creo que la esencia de la enfermera con el bolso del uniforme lleno de lapices, rotuladores y boligrafos que se caen cada vez que te agachas va a desaparecer. Es el inicio de una nueva etapa. Es aterrador porque nos sentiremos inseguras fuera de un entorno que nos es familiar pero a la vez es muy estimulante ya que los cambios nos hacen crecer a todos los niveles y quién sabe, quizás ya no haya que agacharse tanto a recoger el boligrafo, ¿no?