Incertidumbre e ira, esas son las dos palabras que describen mi estado de ánimo de estos días. Tras no haber aprobado la OPE en el 2012, mi plaza de interina se va al garete tras un cúmulo de ilegalidades que el servicio de salud de Asturias ha tenido a bien llevar a cabo gracias al apoyo de los sindicatos. Tenemos los sindicatos que menos apoyan a los trabajadores, en eso somos ganadoras.
Las noticias del cese de unas 170 enfermeras del hospital circula por los medios de comunicación y decenas de personas con el síndrome antifuncionario se frotan las manos disfrutando con el hecho de que perdamos nuestro empleo, eso me provoca tristeza, rabia e impotencia.
Vamos a cesar personas con una media de edad entre los 30-40 años, con experciencia de entre 10-15 años. Los ceses son de vacantes sólo del hospital porque algún lumbreras ha decidido que en atención primaria no cesen vacantes que han sido ofertadas con 1-2 puntos a gente con una media de edad entre 20-25 años por el hecho de haber aprobado una especialidad. Nuestros propios sindicatos creen que aquellas personas que tienen menos experiencia asistencial pero sí un título, que por ejemplo cuando yo terminé la carrera no existía, tienen derecho a mantener su plaza.
Yo no quiero el perjuicio de nadie, sólo quiero justicia y sentido común y ojalá todos tuviéramos derecho a un puesto de trabajo estable, eso haría que nuestro sistema de salud fuese más efectivo.
Yo llevo 6 años con mi interinidad. Antes de eso, trabajé 2 años fuera de Asturias cobrando una miseria y llevando plantas yo sola y descansando un día por semana. Después volví a Asturias y estuve unos 5 años firmando contratos que podían durar 2 días o 5 meses. Recibía mi planificación semanal los jueves, por lo tanto no tenía seguridad ni para poder pedir cita a un médico. Cada día me podían mandar a un servicio diferente, oncología, cirugía, neuro, medicina interna... y en todos ellos debía demostrar cada día que al menos sabías dónde guardaban las jeringas. No tenía vacaciones y si quería hacer algún viaje compraba el billete de un día para otro entre un contrato y el siguiente con el miedo de que sonara el teléfono y tuvieras que cancelarlo (todo esto mientras tienes unos 30 años y tienes ganas de vivir un poco la vida).
Luego por fin viene una vacante, me ubican en una planta, tengo cartelera, vacaciones y un sueldo, trabajando a turnos pero siendo feliz de conocer a mis pacientes de un día para otro. A continuación vienen rumores de una OPE y además de todo el sistema quiere que llegues a tu casa y te encierres a estudiar bioquímica de primero o lo que la Constitución dice sobre sanidad. A nadie le preocupa la empatía, la responsabilidad en tu trabajo, la capacidad de comunicarte o de resolver situaciones de urgencia, a nadie le importa si sabes valorar si un paciente está mejor o peor, no...
Admiro a aquellas que han sido capaces de sacar tiempo y ganas para empollar tras haber terminado la carrera hace años, eso que quede claro.
El baremos, eso ya se merecería otro post, pero debo decir que nunca he aprendido nada en ninguno de los cursos que me van sumando puntos. Son pésimos y sólo sirve para que ciertos colectivos se forren con la necesidad que tenemos de ir añadiendo méritos (que no son tal). Gastamos una media de 200 euros anuales en cursos y si quieres ser más práctico puedes apuntarte a un sindicato, te salen más baratos y además disumuladamente te ofrecen las respuestas, ¡¡¡¡bravooo!!!! O mejor aún, ha salido un apartado en el que enfermeras y enfermeros de la talla de científicos como Einstein publican estudios una vez al mes en... las revistas de los ¡¡¡sindicatos!!!! Logrando sumar en 2 años los puntos que yo he sumado en casi 10 años rodando entre planta y planta.
Espero que lean esto aquellos que se frotan las manos con nuestros ceses y que si siguen frotándoselas al menos sea con la información real de lo que está sucediendo.
Salud, suerte y sentido común, ah no que esto es España...
miércoles, 2 de septiembre de 2015
jueves, 28 de mayo de 2015
Las noches
La vida de las enfermeras no se divide en semanas, se divide en ciclos en los que, a los viernes se les llama "salientes de noche", los lunes son la primera mañana y los domingos puedes coincidir en un martes. En los ciclos solemos hacer habitualmente entre 4 y 7 noches mensuales, por tanto las enfermeras (y todos aquellos profesionales que trabajan por la noche) sufren entre 4 y 7 días de "pseudodepresión" en los que todos los que nos rodean nos reconocen insoportables y nosotras mismas nos sentimos insoportables (pero no nos atrevemos a reconocerlo en voz alta).
Los síntomas de lo que vengo llamando "depresión prenoches" son variados y el desánimo es común durante ese día en el que sabes que cuando tu cuerpo te pide meterte en la cama tus piernas deben dirigirse hacia el lugar de trabajo. No tengo datos contrastados pero la experiencia y la observación me llevan a determinar que no voy muy desencaminada cuando hablo de "depresión". Esa mañana te levantas con una vitalidad bajo mínimos, comes a unas horas más raras de lo normal, no te apetece hacer nada en todo el día más que estar en casa, en el sofá y en silencio. Una amplia mayoría de enfermeras no se arreglan para ir a trabajar de noche, el chándal es la prenda estrella para hacer que la transición entre el pijama de casa y el del hospital (y viceversa) sea menos traumático. Necesitamos bebidas energéticas (café o cocacola), muchas compañeras abusan de las chucherías durante el turno de noche y recuerdo que cuando se permitía fumar, las compañeras fumadoras eran volcanes en erupción.
El momento de coger el cambio de turno una empieza a despertar de un letargo que ha durado todo el día y asume que la noche ha empezado y que no hay más remedio que trabajar. El cambio de humor es instantáneo, es como un click. Una enfermera se cambia de ropa y click la depresión desaparece, ¿estamos locas o no?
La noche es tal vez el turno más divertido, además del más duro, y es en esas horas intempestivas en las que suceden los eventos más surrealistas. Pacientes que se levantan con el camisón amarrado con un cinturón de cuero, el pañal en las rodillas y el culo al aire buscando la cocina de casa. Pacientes que tocan al timbre y preguntan la hora continuamente. Pacientes que "son" la presidenta de la comunidad europea y que decide vestirse de calle y hacer la maleta para irse. Pacientes que te cuentan que por la mañana les llevaron a Londres a hacerse un TAC "¡Y vaya rápido que se llega a Londres en el ascensor". Pacientes de 90 años que llaman a mamá durante horas (es tierno saber como a las puertas de la muerte una persona con 90 años sigue llamando a mamá). Hay otros que se sienten poseidos por fuerzas sobrehumanas y cuando por la mañana tenían una hemiplejia total por la noche saltan las barandillas de la cama y aparecen en mitad de la habitación. Otros orinan en la botella de beber (no me explico la puntería).
En fin, somos bastante necesarias durante todo el día pero la noche es especialmente delicada para los enfermos. Necesitan de nuestro "arte de cuidar" más que en cualquier otro momento así que ánimo a las que tengan turno de noches ¡Hay que vencer esa depresión! Se nota que hoy he estado de mañanas, ¿eh?
Los síntomas de lo que vengo llamando "depresión prenoches" son variados y el desánimo es común durante ese día en el que sabes que cuando tu cuerpo te pide meterte en la cama tus piernas deben dirigirse hacia el lugar de trabajo. No tengo datos contrastados pero la experiencia y la observación me llevan a determinar que no voy muy desencaminada cuando hablo de "depresión". Esa mañana te levantas con una vitalidad bajo mínimos, comes a unas horas más raras de lo normal, no te apetece hacer nada en todo el día más que estar en casa, en el sofá y en silencio. Una amplia mayoría de enfermeras no se arreglan para ir a trabajar de noche, el chándal es la prenda estrella para hacer que la transición entre el pijama de casa y el del hospital (y viceversa) sea menos traumático. Necesitamos bebidas energéticas (café o cocacola), muchas compañeras abusan de las chucherías durante el turno de noche y recuerdo que cuando se permitía fumar, las compañeras fumadoras eran volcanes en erupción.
El momento de coger el cambio de turno una empieza a despertar de un letargo que ha durado todo el día y asume que la noche ha empezado y que no hay más remedio que trabajar. El cambio de humor es instantáneo, es como un click. Una enfermera se cambia de ropa y click la depresión desaparece, ¿estamos locas o no?
La noche es tal vez el turno más divertido, además del más duro, y es en esas horas intempestivas en las que suceden los eventos más surrealistas. Pacientes que se levantan con el camisón amarrado con un cinturón de cuero, el pañal en las rodillas y el culo al aire buscando la cocina de casa. Pacientes que tocan al timbre y preguntan la hora continuamente. Pacientes que "son" la presidenta de la comunidad europea y que decide vestirse de calle y hacer la maleta para irse. Pacientes que te cuentan que por la mañana les llevaron a Londres a hacerse un TAC "¡Y vaya rápido que se llega a Londres en el ascensor". Pacientes de 90 años que llaman a mamá durante horas (es tierno saber como a las puertas de la muerte una persona con 90 años sigue llamando a mamá). Hay otros que se sienten poseidos por fuerzas sobrehumanas y cuando por la mañana tenían una hemiplejia total por la noche saltan las barandillas de la cama y aparecen en mitad de la habitación. Otros orinan en la botella de beber (no me explico la puntería).
En fin, somos bastante necesarias durante todo el día pero la noche es especialmente delicada para los enfermos. Necesitan de nuestro "arte de cuidar" más que en cualquier otro momento así que ánimo a las que tengan turno de noches ¡Hay que vencer esa depresión! Se nota que hoy he estado de mañanas, ¿eh?
jueves, 29 de enero de 2015
El arma de la ilusión.
La solución de problemas en la vida no dista mucho del proceso de atención de enfermería, el dichoso PAE que nos trae muchas veces de cabeza en nuestro día a día en el hospital.
Valoración, diagnóstico de problemas, planificacón, ejecución y evaluación. No es descabellado pensar que en el momento de afrontar cualquier problema, sea laboral o no, estos pasos nos ayudan a organizar el camino a seguir en la resolución de conflictos.
Llevamos ya ocho meses en el nuevo hospital y los problemas se amontonan causando una profunda desmotivación en el personal. Vivimos tiempos difíciles en los que pocas personas encuentran razones por las que sonreir. Las noticias, la situación económica, la poca capacidad de frustración que tenemos en un mundo en el que todo va cada vez más rápido, son algunos motivos que creo que hace que la sociedad esté triste. El otro día leí que no hay que buscar la felicidad en la vida si no que hay que aprender a vivir y a valorar la vida, lo otro es una utopía que nos provoca frustración y que nos puede llevar a buscar y buscar la tan ansiada felicidad sin encontrarla jamás y sin valorar aquello que se nos presenta. Tenemos dos opciones, o ver la parte positiva o ver la negativa y me temo que en general nos decidimos por ver lo malo. Bajo mi punto de vista esto hace que tras un cambio tan drástico como el de mudarnos de hospital y todo lo que esto conlleva, la gente haya decidido unir sus fuerzas para ver sólo lo malo, así se crea un ambiente contra el que es muy difícil luchar. La gente no encuentra fuerzas para colaborar en la mejora de su trabajo, es mejor quejarse y peor aún, el hecho de que hagas lo que hagas tu recompensa vaya a ser la misma hace que la responsabilidad y la ética personal sean las que guien el desarrollo de nuestro día a día. A todos nos gustan los retos y en la sanidad española no los hay, no hay metas, sólo existe el que uno mismo esté conforme con lo que hace y ya sabemos que hay gente más responsable que otra y más trabajadora que otra. Gran error. Se debería premiar al bueno y castigar al que es menos bueno, por desgracia, así funcionamos.
Hoy hemos creado en nuestro servicio de neurología un grupo de trabajo para intentar evaluar los problemas que estamos teniendo e intentar ponerles solución, estamos en la fase de valoración. Es interesante esta iniciativa y espero que entre todas las integrantes podamos sacar adelante iniciativas que den ilusión al resto porque aunque a veces mis compañeras me digas que vivo en "los mundos de yupi" creo que no hay que perder la ilusión por aquello que hacemos sea organizar unas vacaciones o sea ir a trabajar y no vale echar la culpa a los demás porque nosotros mismos no tengamos ilusión, esa hay que encontrarla en cada uno de nosotros.
Valoración, diagnóstico de problemas, planificacón, ejecución y evaluación. No es descabellado pensar que en el momento de afrontar cualquier problema, sea laboral o no, estos pasos nos ayudan a organizar el camino a seguir en la resolución de conflictos.
Llevamos ya ocho meses en el nuevo hospital y los problemas se amontonan causando una profunda desmotivación en el personal. Vivimos tiempos difíciles en los que pocas personas encuentran razones por las que sonreir. Las noticias, la situación económica, la poca capacidad de frustración que tenemos en un mundo en el que todo va cada vez más rápido, son algunos motivos que creo que hace que la sociedad esté triste. El otro día leí que no hay que buscar la felicidad en la vida si no que hay que aprender a vivir y a valorar la vida, lo otro es una utopía que nos provoca frustración y que nos puede llevar a buscar y buscar la tan ansiada felicidad sin encontrarla jamás y sin valorar aquello que se nos presenta. Tenemos dos opciones, o ver la parte positiva o ver la negativa y me temo que en general nos decidimos por ver lo malo. Bajo mi punto de vista esto hace que tras un cambio tan drástico como el de mudarnos de hospital y todo lo que esto conlleva, la gente haya decidido unir sus fuerzas para ver sólo lo malo, así se crea un ambiente contra el que es muy difícil luchar. La gente no encuentra fuerzas para colaborar en la mejora de su trabajo, es mejor quejarse y peor aún, el hecho de que hagas lo que hagas tu recompensa vaya a ser la misma hace que la responsabilidad y la ética personal sean las que guien el desarrollo de nuestro día a día. A todos nos gustan los retos y en la sanidad española no los hay, no hay metas, sólo existe el que uno mismo esté conforme con lo que hace y ya sabemos que hay gente más responsable que otra y más trabajadora que otra. Gran error. Se debería premiar al bueno y castigar al que es menos bueno, por desgracia, así funcionamos.
Hoy hemos creado en nuestro servicio de neurología un grupo de trabajo para intentar evaluar los problemas que estamos teniendo e intentar ponerles solución, estamos en la fase de valoración. Es interesante esta iniciativa y espero que entre todas las integrantes podamos sacar adelante iniciativas que den ilusión al resto porque aunque a veces mis compañeras me digas que vivo en "los mundos de yupi" creo que no hay que perder la ilusión por aquello que hacemos sea organizar unas vacaciones o sea ir a trabajar y no vale echar la culpa a los demás porque nosotros mismos no tengamos ilusión, esa hay que encontrarla en cada uno de nosotros.
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Cosas que no funcionan (primera parte)...
Llevamos ya seis meses en el nuevo hospital y es hora de hacer un primer balance. Hemos tenido y tenemos aún un duro trabajo por delante y es que nuestra profesión es dinámica y siempre hay que estar dispuestos a aprender, a preguntar, a escuchar, a leer y aceptar críticas. El cambio del papel al soporte digital ha sido más duro para unas personas que para otras teniendo en cuenta sus conocimientos previos en el manejo de ordenadores y es que el miedo a tocar una tecla y que explote el hospital es algo que ronda por la cabeza de muchas usuarias novatas. Todas vamos aprendiendo y apoyándonos unas a otras, entre toda (y todos, aunque son minoría no debemos despreciarlos) nos hacemos preguntas y vamos indagando en el correcto uso de la plataforma informática millenium. Yo creí que el ordenador iba a estar colgado cada dos minutos y sorprendentemente no es así.
El tema de hoy va a ser aquello que no funciona, así que tras la pequeña, y generosa introducción voy a enumerar aquellas situaciones que me hacen ir como una locomotora por los pasillos de la planta.
La idea de un hospital sin ventanas no se a que se debe y tampoco se cual es el fundamento científico que determina que es más sano el aire acondicionado que poder abrir una ventana y ventilar. Yo cuando estaba con catarro de pequeña mi madre abría la ventana para que se fueran los bichos ¿Por qué no se puede abrir una ventana en un hospital? ¿Alguien me lo explica? Las roscas de los aires acondicionados están locas y algún paciente se ha quedado ya con alguna en la mano, por lo menos no se los han tragado. Sobre el control de enfermería ya hemos tenido goteras dos veces gracias al invento de la refrigeración. Lo que no deben saber los arquitectos, ingenieros y diseñadores de interiores es que en un hospital hay personas y que esas personas defecan (por ser fina) y que hay otras personas al lado que también están enfermas y hay profesionales trabajando a su lado realizando alguna técnica y tampoco deben saber que eso huele y me temo que el aire acondicionado no tiene en el menú la posibilidad del olor a pino, ahí lo dejo.
Los carros informatizados que nos iban a arreglar la vida ya no funcionan, tenemos dos de tres estropeados, así que tenemos que echar mano de nuestra imaginación y sacar, administrar y registrar la medicación usando los ordenadores de sobremesa. El concepto de carro de medicación portátil se murió hace casi un mes, esperamos que nos cambien los monitores. Esos asuntos son más complejos que un recambio de marcapasos, el doctor informático no nos debe hacer mucho caso.
Los robots (llamados manolín) se ríen de nosotras y en especial de nuestros horarios. Aquello que debemos recibir a las cinco llega a las seis y media, aquello que debe venir a las siete y media llega a las ocho y pico. Lo que no debe saber manolín es que lo que transporta son medicinas o comida que los pacientes necesitan con una exactitud que no debería nunca superar los treinta minutos. Así las enfermeras sufridoras hemos creado una especie de "rastro" en el que intercambiamos antibióticos entre nosotras o incluso los intentamos repescar de alguien que ya no los usa para poder hacer nuestro trabajo que no es otro que poner el tratamiento del enfermo a su hora.
Otra pregunta interesante es ¿Cuándo desapareció la primera toma de oxígeno? Pagaría por saber donde está, creo que hay un limbo de tomas de oxígeno que conviven con esos calcetines que desaparecen en la lavadora y conviven todos juntos con las tomas de aspiración en un mundo donde se ríen de mí porque en los apuros nunca nunca nunca hay montada ni toma de oxigeno ni de aspiración, Dios nos guía siempre , gracias a Él.
Los sillones. Cuando llegamos al hospital nuevo éramos felices porque cada habitación tenía una cama y un sillón para cada enfermo, pues bien, en el mercadillo de antibioticos vamos a poner una sección de sillones. Alguno está perdido en el taller y ya sabemos que con que uno desaparezca ya hay que ir intercambiándolos para que todos los usuarios tengan el material necesario para su descanso.
Además de las cosas técnicas que van fallando, hay que sumar el cansancio, la desmotivación y el desánimo que veo en mucha gente a la que los cambios han supuesto un duro golpe en sus típicas justificaciones de "es que toda la vida esto se ha hecho así..." Querría resaltar la poca capacidad de motivación que el sistema inculca en sus trabajadores, esto hace que también nosotros fallemos o mejor dicho que no seamos tan productivos o eficientes como deberíamos ya que el sistema está pensado para que sólo tu propia conciencia sea la que dicte tus actos y esto no debería ser así. Puedo decir que la mayor parte de los trabajadores tienen un conciencia enorme y son capaces de patear medio hospital para conseguir por ejemplo un antibiótico para que se administre a tiempo pero como decía mi profesora de fundamentos, también hay gente que debería haber elegido la jardinería. De todos modos me quedo con el esfuerzo de la mayoría para que el usuario nunca sienta que hay cosas que no funcionan, espero que lo sigamos consiguiendo día tras día.
El tema de hoy va a ser aquello que no funciona, así que tras la pequeña, y generosa introducción voy a enumerar aquellas situaciones que me hacen ir como una locomotora por los pasillos de la planta.
La idea de un hospital sin ventanas no se a que se debe y tampoco se cual es el fundamento científico que determina que es más sano el aire acondicionado que poder abrir una ventana y ventilar. Yo cuando estaba con catarro de pequeña mi madre abría la ventana para que se fueran los bichos ¿Por qué no se puede abrir una ventana en un hospital? ¿Alguien me lo explica? Las roscas de los aires acondicionados están locas y algún paciente se ha quedado ya con alguna en la mano, por lo menos no se los han tragado. Sobre el control de enfermería ya hemos tenido goteras dos veces gracias al invento de la refrigeración. Lo que no deben saber los arquitectos, ingenieros y diseñadores de interiores es que en un hospital hay personas y que esas personas defecan (por ser fina) y que hay otras personas al lado que también están enfermas y hay profesionales trabajando a su lado realizando alguna técnica y tampoco deben saber que eso huele y me temo que el aire acondicionado no tiene en el menú la posibilidad del olor a pino, ahí lo dejo.
Los carros informatizados que nos iban a arreglar la vida ya no funcionan, tenemos dos de tres estropeados, así que tenemos que echar mano de nuestra imaginación y sacar, administrar y registrar la medicación usando los ordenadores de sobremesa. El concepto de carro de medicación portátil se murió hace casi un mes, esperamos que nos cambien los monitores. Esos asuntos son más complejos que un recambio de marcapasos, el doctor informático no nos debe hacer mucho caso.
Los robots (llamados manolín) se ríen de nosotras y en especial de nuestros horarios. Aquello que debemos recibir a las cinco llega a las seis y media, aquello que debe venir a las siete y media llega a las ocho y pico. Lo que no debe saber manolín es que lo que transporta son medicinas o comida que los pacientes necesitan con una exactitud que no debería nunca superar los treinta minutos. Así las enfermeras sufridoras hemos creado una especie de "rastro" en el que intercambiamos antibióticos entre nosotras o incluso los intentamos repescar de alguien que ya no los usa para poder hacer nuestro trabajo que no es otro que poner el tratamiento del enfermo a su hora.
Otra pregunta interesante es ¿Cuándo desapareció la primera toma de oxígeno? Pagaría por saber donde está, creo que hay un limbo de tomas de oxígeno que conviven con esos calcetines que desaparecen en la lavadora y conviven todos juntos con las tomas de aspiración en un mundo donde se ríen de mí porque en los apuros nunca nunca nunca hay montada ni toma de oxigeno ni de aspiración, Dios nos guía siempre , gracias a Él.
Los sillones. Cuando llegamos al hospital nuevo éramos felices porque cada habitación tenía una cama y un sillón para cada enfermo, pues bien, en el mercadillo de antibioticos vamos a poner una sección de sillones. Alguno está perdido en el taller y ya sabemos que con que uno desaparezca ya hay que ir intercambiándolos para que todos los usuarios tengan el material necesario para su descanso.
Además de las cosas técnicas que van fallando, hay que sumar el cansancio, la desmotivación y el desánimo que veo en mucha gente a la que los cambios han supuesto un duro golpe en sus típicas justificaciones de "es que toda la vida esto se ha hecho así..." Querría resaltar la poca capacidad de motivación que el sistema inculca en sus trabajadores, esto hace que también nosotros fallemos o mejor dicho que no seamos tan productivos o eficientes como deberíamos ya que el sistema está pensado para que sólo tu propia conciencia sea la que dicte tus actos y esto no debería ser así. Puedo decir que la mayor parte de los trabajadores tienen un conciencia enorme y son capaces de patear medio hospital para conseguir por ejemplo un antibiótico para que se administre a tiempo pero como decía mi profesora de fundamentos, también hay gente que debería haber elegido la jardinería. De todos modos me quedo con el esfuerzo de la mayoría para que el usuario nunca sienta que hay cosas que no funcionan, espero que lo sigamos consiguiendo día tras día.
martes, 7 de octubre de 2014
Enfermeras uniformadas...
Todos aquellos que me conocen saben que me gusta ir cómoda, así que trabajar en pijama es una de las razones por las que, además, me gusta ser enfermera.
Estudié en una uni donde había que uniformarse con cofia incluida. Aquello era lo más incómodo del mundo y ponerse aquel delantal estrecho era lo que más odiaba de las prácticas. En mi vida laboral siempre he utilizado pijamas, así que hace mucho años que no sufro las horquillas clavadas en el pelo para sostener la cofia a la cabeza.
Los uniformes de las enfermeras no son batitas cortas y con escote, como muchos piensan o al menos han soñado alguna vez en su vida. Siento decepcionar a los que ven en el uso de jeringas un mensaje subliminal, las jeringas suelen hacer daño, aviso. Los pijamas constan de pantalón ancho y casaca aún más ancha y cómoda, cuando hace frío ponemos una bata blanca y en los pies se llevan zuecos blancos.Los complementos suelen ir dentro de los bolsillos en forma de bolis, libretas, esparadrapos,tijeras,algún tapón, abocaths,compresor, un par de jeringas con suero... Para los que pensais en el tamaño de los bolsillos debo deciros que SÍ, son bolsillos enormes. Esta es la teoría pero debo decir que la imaginación y la personalidad de cada una marca la diferencia en sus trajes haciendo que éstos no sean tan feos, tan blancos y tan... uniformes. En estos detalles podemos encontrar la diversidad dentro del mundo de las enfermeras.
En la ropa en sí ya hay marcadas diferencias entre unas y otras, las hay que se piden tallas ceñidas y desabrochan el botón de arriba para crear un falso escote en V, luego están las que son como yo que pedimos talla más grande de pantalón para ir amplias y últimamente, estoy observando en los enfermerOs jóvenes que llevan pantalones caidos.
Los zuecos. El mundo del calzado sanitario es amplio y es lo que más me gusta observar entre las compañeras ya que creo que dice mucho de la persona el calzado que lleva. Cuando sólo ves a las personas con uniforme es difícil saber cómo es su estilo en la calle, mirando sus pies te llevas una gran información. La teoría dice que debemos llevar un calzado reglamentario, creo que eso es un error de estilismo enfermero. Tienen que dejar que expresemos nuestro YO en el calzado. Los zuecos crocs son la revolución, son comodísimos y con un diseño informal pero profesional y además te permiten adornarlos con algún pin de animal o personaje de comic, ejem, ese es mi caso, lo admito. Hay gente que lleva zuecos de colores, de silicona y luego están algunas que llevan zapatillas de deporte blancas. Reconozco que estas últimas son las que mejor me caen, suelen ser personas dinámicas y divertidas.
Los bolis, son otro punto diferenciador entre nosotras. Puedes reconocer a la enfermera que trabaja en pediatría porque siempre llevará un boli con una enorme cabeza de muñeco con el que entretendrá a los peques mientras les prepara algún pinchazo. Las que trabajamos con adultos llevamos bolis normales, siempre de click, casi nunca de tapa porque las tapas siempre se pierden y los bolis suelen teñir nuestros uniformes de tinta.
Sobre lo que nos ponemos encima cuando hace frío también hay grandes diferencias. Hay la que nunca tiene frío y va siempre en manga corta o la friolera como yo que lleva siempre la bata por si refresca. Luego está la que lleva una chaqueta....¿por qué siempre las chaquetas de enfermera son azul marino? Y luego está la despistada que siempre olvida la bata y tiene que ponerse encima una chaqueta de pijama de paciente o una de esas batas de papel de los pacientes aislados.
Por último no puedo dejar de mencionar un complemento que se puso de moda hace un par de años, las muñecas de enfermera colgadas en forma de broche en los uniformes. Hay miles de modelos y su rasgo característico suele ser un pelo muy alborotado, no se si será un mensaje de la locura que suele acompañar a las enfermeras, creo que sí.
Como veis no somos tan uniformes como creíamos, cada una expresa su personalidad en la ropa de trabajo o en los complementos. Hay algunas que van perfectamente maquilladas,con el pelo al viento o con joyas a juego o hay otras que vamos con la cara lavada, con una pulsera de hilo como mucho y que llevamos el pelo en una cola que nos quitamos al final del turno. Hay muchos tipos de enfermeras, fijaos y os sorprendereís.
Estudié en una uni donde había que uniformarse con cofia incluida. Aquello era lo más incómodo del mundo y ponerse aquel delantal estrecho era lo que más odiaba de las prácticas. En mi vida laboral siempre he utilizado pijamas, así que hace mucho años que no sufro las horquillas clavadas en el pelo para sostener la cofia a la cabeza.
Los uniformes de las enfermeras no son batitas cortas y con escote, como muchos piensan o al menos han soñado alguna vez en su vida. Siento decepcionar a los que ven en el uso de jeringas un mensaje subliminal, las jeringas suelen hacer daño, aviso. Los pijamas constan de pantalón ancho y casaca aún más ancha y cómoda, cuando hace frío ponemos una bata blanca y en los pies se llevan zuecos blancos.Los complementos suelen ir dentro de los bolsillos en forma de bolis, libretas, esparadrapos,tijeras,algún tapón, abocaths,compresor, un par de jeringas con suero... Para los que pensais en el tamaño de los bolsillos debo deciros que SÍ, son bolsillos enormes. Esta es la teoría pero debo decir que la imaginación y la personalidad de cada una marca la diferencia en sus trajes haciendo que éstos no sean tan feos, tan blancos y tan... uniformes. En estos detalles podemos encontrar la diversidad dentro del mundo de las enfermeras.
En la ropa en sí ya hay marcadas diferencias entre unas y otras, las hay que se piden tallas ceñidas y desabrochan el botón de arriba para crear un falso escote en V, luego están las que son como yo que pedimos talla más grande de pantalón para ir amplias y últimamente, estoy observando en los enfermerOs jóvenes que llevan pantalones caidos.
Los zuecos. El mundo del calzado sanitario es amplio y es lo que más me gusta observar entre las compañeras ya que creo que dice mucho de la persona el calzado que lleva. Cuando sólo ves a las personas con uniforme es difícil saber cómo es su estilo en la calle, mirando sus pies te llevas una gran información. La teoría dice que debemos llevar un calzado reglamentario, creo que eso es un error de estilismo enfermero. Tienen que dejar que expresemos nuestro YO en el calzado. Los zuecos crocs son la revolución, son comodísimos y con un diseño informal pero profesional y además te permiten adornarlos con algún pin de animal o personaje de comic, ejem, ese es mi caso, lo admito. Hay gente que lleva zuecos de colores, de silicona y luego están algunas que llevan zapatillas de deporte blancas. Reconozco que estas últimas son las que mejor me caen, suelen ser personas dinámicas y divertidas.
Los bolis, son otro punto diferenciador entre nosotras. Puedes reconocer a la enfermera que trabaja en pediatría porque siempre llevará un boli con una enorme cabeza de muñeco con el que entretendrá a los peques mientras les prepara algún pinchazo. Las que trabajamos con adultos llevamos bolis normales, siempre de click, casi nunca de tapa porque las tapas siempre se pierden y los bolis suelen teñir nuestros uniformes de tinta.
Sobre lo que nos ponemos encima cuando hace frío también hay grandes diferencias. Hay la que nunca tiene frío y va siempre en manga corta o la friolera como yo que lleva siempre la bata por si refresca. Luego está la que lleva una chaqueta....¿por qué siempre las chaquetas de enfermera son azul marino? Y luego está la despistada que siempre olvida la bata y tiene que ponerse encima una chaqueta de pijama de paciente o una de esas batas de papel de los pacientes aislados.
Por último no puedo dejar de mencionar un complemento que se puso de moda hace un par de años, las muñecas de enfermera colgadas en forma de broche en los uniformes. Hay miles de modelos y su rasgo característico suele ser un pelo muy alborotado, no se si será un mensaje de la locura que suele acompañar a las enfermeras, creo que sí.
Como veis no somos tan uniformes como creíamos, cada una expresa su personalidad en la ropa de trabajo o en los complementos. Hay algunas que van perfectamente maquilladas,con el pelo al viento o con joyas a juego o hay otras que vamos con la cara lavada, con una pulsera de hilo como mucho y que llevamos el pelo en una cola que nos quitamos al final del turno. Hay muchos tipos de enfermeras, fijaos y os sorprendereís.
martes, 9 de septiembre de 2014
Cosas que pasan cuando estás de vacaciones...
Se terminaron las vacaciones y ya estamos inmersos en un nuevo curso. Septiembre es una época de cambios, yo suelo hacer balance del año y pongo en una balanza aquello que me sirve y aquello que me sobra. Es época de ordenar de nuevo la dieta, los hábitos saludables como el deporte y para luchar contra el desanimo que a todos nos provoca el otoño comienzo a idear próximas escapadas o planes de futuro que adornen un poco el tedioso día a día, turno a turno. Tengo entre manos el inicio de algún curso y como leí en un libro, no hace mucho, hay que plantearse las cosas de la vida como "juegos". Todo aquello que nos divierta es bienvenido, hay que aprender incluso a "jugar" en el trabajo, hay que reirse más. Este es otro de mis nuevos planteamientos.
La evolución de nuestro nuevo hospital será protagonista en alguna nueva entrada, hoy quiero hablar de la mirada de la enfermera cuando está de vacaciones.
La deformación profesional de la enfermera me acompaña en mis ratos libres y en vacaciones más aún ya que estoy más relajada y miro más a mi alrededor. Reconozco que soy observadora y me fijo en las personas que pasan por mi lado, en la playa me encanta escuchar las conversaciones ajenas (soy culpable) y muchas de éstas giran entorno a la salud. Sonrío disimulada cuando hablan de tomar un "termagil" o hablan de su "diabetis". El otro día vi a un grupo de señoras mayores merendando las típicas galletas príncipe que mi abuela escondía en el bolso cuando íbamos a la playa. Después de la merendola veo cómo una de ellas se aplica sin ningún tipo de reparos la dosis de insulina en el brazo izquierdo, sólo siendo enfermera una le puede ver la gracia a eso.
En la playa también me llevo las manos a la cabeza cuando veo esos brazos tatuados de arriba a abajo mientras pienso "dónde pincharía yo a este en ese brazo". La gente debería pensar más en cuando se pongan enfermos antes de convertir sus venas en potenciales puertas de entrada a tintas de colores. Me fijo también en aquellas chicas que "parirán con dolor" ya que tienen tatuajes justo en la vertebra que hay que infiltrar para la anestesia epidural, ¡toma parto natural!Las venas son nuestra obsesión y a una enfermera se le cae la baba con un brazo atlético no por su atractivo si no por esas venas que llamamos "cañón" para las que calculamos el calibre del abocath que usaríamos.
Los parches. Siempre pienso si será de nicotina, de nitroglicerina, de hormonas o de morfina. Hago un escaneo completo a su portador. Luego están las cicatrices, siempre pienso qué le sucedería a la persona y casi siempre llego a la conclusión de que son de prótesis de rodilla, de hernias o de apendicitis. Como veis le deseo males muy llevaderos a mis compañeros de playa. Las quemaduras solares son otro mal que hace saltar mi mirada, ¿cómo hay gente que toma el sol con esa piel en tensión y roja como el fuego?, ¡están locos!
El otro día en mi jornada de playa estuve preocupada por el bebé que tenía al lado, era en Tenerife, las cuatro de la tarde, agosto y el bebé no llevaba nada encima, ni una gorrita, ni vi al padre darle agua ni una vez. A punto estuve de irme por lo nerviosa que me puso.
Hace unos años en aquella misma playa la enfermera en vacaciones tuvo que acudir en ayuda de tres personas que habían caido desde el paseo a las rocas, ayudé a los policias y bomberos al triaje y en especial a calmar el ataque de nervios de una de las accidentadas que al oir "tranquila que soy enfermera" parece que ya estaba más aliviada de su dolor. En otra ocasión atendí a un guiri con una hipoglucemia en medio de un festival de villancicos.
Como veis ni en vacaciones una deja de ser enfermera ya que en mis ratos libres también recibo llamadas
de familiares para comentarme resultados de analíticas o mis amigos que me piden consejo de qué pastilla tomarse para poder dormir o buscan en mí la seguridad de que las decisiones que toman respecto a sus problemas de salud ya sean insomnio, malas digestiones, dolores articulares o heridas de zapatos son correctas. Tener una enfermera en casa siempre ayuda aunque a veces somos aquellas a las que menos caso hacen, eso sí siempre buscarán nuestra aprobación.
Me gusta ser enfermera, me gusta ser necesaria para aquellos a los que quiero y me gusta no dejar de ser lo que soy incluso en vacaciones.
La evolución de nuestro nuevo hospital será protagonista en alguna nueva entrada, hoy quiero hablar de la mirada de la enfermera cuando está de vacaciones.
La deformación profesional de la enfermera me acompaña en mis ratos libres y en vacaciones más aún ya que estoy más relajada y miro más a mi alrededor. Reconozco que soy observadora y me fijo en las personas que pasan por mi lado, en la playa me encanta escuchar las conversaciones ajenas (soy culpable) y muchas de éstas giran entorno a la salud. Sonrío disimulada cuando hablan de tomar un "termagil" o hablan de su "diabetis". El otro día vi a un grupo de señoras mayores merendando las típicas galletas príncipe que mi abuela escondía en el bolso cuando íbamos a la playa. Después de la merendola veo cómo una de ellas se aplica sin ningún tipo de reparos la dosis de insulina en el brazo izquierdo, sólo siendo enfermera una le puede ver la gracia a eso.
En la playa también me llevo las manos a la cabeza cuando veo esos brazos tatuados de arriba a abajo mientras pienso "dónde pincharía yo a este en ese brazo". La gente debería pensar más en cuando se pongan enfermos antes de convertir sus venas en potenciales puertas de entrada a tintas de colores. Me fijo también en aquellas chicas que "parirán con dolor" ya que tienen tatuajes justo en la vertebra que hay que infiltrar para la anestesia epidural, ¡toma parto natural!Las venas son nuestra obsesión y a una enfermera se le cae la baba con un brazo atlético no por su atractivo si no por esas venas que llamamos "cañón" para las que calculamos el calibre del abocath que usaríamos.
Los parches. Siempre pienso si será de nicotina, de nitroglicerina, de hormonas o de morfina. Hago un escaneo completo a su portador. Luego están las cicatrices, siempre pienso qué le sucedería a la persona y casi siempre llego a la conclusión de que son de prótesis de rodilla, de hernias o de apendicitis. Como veis le deseo males muy llevaderos a mis compañeros de playa. Las quemaduras solares son otro mal que hace saltar mi mirada, ¿cómo hay gente que toma el sol con esa piel en tensión y roja como el fuego?, ¡están locos!
El otro día en mi jornada de playa estuve preocupada por el bebé que tenía al lado, era en Tenerife, las cuatro de la tarde, agosto y el bebé no llevaba nada encima, ni una gorrita, ni vi al padre darle agua ni una vez. A punto estuve de irme por lo nerviosa que me puso.
Hace unos años en aquella misma playa la enfermera en vacaciones tuvo que acudir en ayuda de tres personas que habían caido desde el paseo a las rocas, ayudé a los policias y bomberos al triaje y en especial a calmar el ataque de nervios de una de las accidentadas que al oir "tranquila que soy enfermera" parece que ya estaba más aliviada de su dolor. En otra ocasión atendí a un guiri con una hipoglucemia en medio de un festival de villancicos.
Como veis ni en vacaciones una deja de ser enfermera ya que en mis ratos libres también recibo llamadas
de familiares para comentarme resultados de analíticas o mis amigos que me piden consejo de qué pastilla tomarse para poder dormir o buscan en mí la seguridad de que las decisiones que toman respecto a sus problemas de salud ya sean insomnio, malas digestiones, dolores articulares o heridas de zapatos son correctas. Tener una enfermera en casa siempre ayuda aunque a veces somos aquellas a las que menos caso hacen, eso sí siempre buscarán nuestra aprobación.
Me gusta ser enfermera, me gusta ser necesaria para aquellos a los que quiero y me gusta no dejar de ser lo que soy incluso en vacaciones.
miércoles, 16 de julio de 2014
Vacaciones!
Por fin llega la deseada fecha de las vacaciones!!!! Mi cuerpo necesita descanso y desconexión de turnos y trabajo. Este primer mes en el nuevo hospital está resultando duro. Los cambios son difíciles de asumir y además de cambiar de ubicación hemos cambiado de metodología de trabajo, de compañeras y hasta el turno es diferente. Estas dos últimas semanas he hecho dos noches seguidas, mi cuerpo no estaba acostumbrado y reconozco que estoy cansada, mi espalda acaba en forma de siete y las piernas me pesan más de lo normal. Tengo un sueño que ni durmiendo desaparece, así que creo que es la hora de descansar.
Necesito de sol y playa y eso es lo que tengo planeado, he colgado los zuecos y dejo atrás todos los problemas del día a día laboral.
Se rumorea que en octubre habrá nuevos cambios y teniendo en cuenta que las condiciones laborales cada vez son más complicadas, tengo miedo a que el año que viene no haya ni vacaciones, así que voy a dirsfrutar de tener cartelera y tiempo libre programado porque todo es susceptible de empeorar.
En los hospitales siempre hay muchos rumores, yo siempre intento hacerme impermeable a ellos, ya que hay personas que son aún más negativas que yo y por esa misma razón huyo de ellas y de sus conversaciones basadas en malas noticias. Quiero sol, quiero luz y quiero gente positiva porque si algo nos enseña nuestra profesión es que la vida ya se dedica a ponerte barreras sin necesidad de hablar de ellas antes de tiempo.
Yo sólo espero venir con las pilas cargadas y con nuevas ilusiones ya que ando escasa de ellas en estas últimas semanas.
Gracias por leerme y espero que nos sigamos "viendo" por aquí.
Necesito de sol y playa y eso es lo que tengo planeado, he colgado los zuecos y dejo atrás todos los problemas del día a día laboral.
Se rumorea que en octubre habrá nuevos cambios y teniendo en cuenta que las condiciones laborales cada vez son más complicadas, tengo miedo a que el año que viene no haya ni vacaciones, así que voy a dirsfrutar de tener cartelera y tiempo libre programado porque todo es susceptible de empeorar.
En los hospitales siempre hay muchos rumores, yo siempre intento hacerme impermeable a ellos, ya que hay personas que son aún más negativas que yo y por esa misma razón huyo de ellas y de sus conversaciones basadas en malas noticias. Quiero sol, quiero luz y quiero gente positiva porque si algo nos enseña nuestra profesión es que la vida ya se dedica a ponerte barreras sin necesidad de hablar de ellas antes de tiempo.
Yo sólo espero venir con las pilas cargadas y con nuevas ilusiones ya que ando escasa de ellas en estas últimas semanas.
Gracias por leerme y espero que nos sigamos "viendo" por aquí.
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