miércoles, 22 de julio de 2020

CARDAMOMO PARA TU ALMA...


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Se la llevaron diez minutos antes de que yo llegara a la planta, quizás nos cruzamos, cada una en el hueco de un ascensor. Yo subía despistada, ella bajaba. Ella, en realidad, es la que subía.
Siempre aparezco en la planta con los auriculares puestos, me los voy quitando mientras mis pasos se acercan acelerados al control de enfermería. Habitualmente hay mucho alboroto, risas, conversaciones cruzadas, en ocasiones suspiros de angustia, de agobio o de falta de tiempo.

Las compañeras que salen se cruzan con las que llegamos y todas tenemos prisa. Nos ubicamos unas al lado de las otras y comienza el cambio de turno. Nos intercambiamos información de los pacientes en un cuarto pequeño, sobre una mesa con sillas altas, a veces ni nos sentamos mientras comentamos las incidencias del turno. A la derecha de la mesa hay un corcho en el que veo una postal de color blanco y que con enormes letras de colores pone en mayúsculas “muchas gracias”. La tomo en mis manos y puedo leer un texto cargado de cariño en el que nos agradecen la humanidad con la que hemos tratado a “su madre Juana”.

Un escalofrío me recorre la espalda y antes de atreverme a preguntar por ella intuyo la respuesta, “Juana se ha muerto, se la acaban de llevar”.
La conocí hace dos semanas. Quince días en un hospital son casi media vida y en especial cuando las circunstancias de los pacientes son tan delicadas que resultan ser los últimos.

A lo largo de los años, las enfermeras desarrollamos un sexto sentido que parece indicarnos cuándo un paciente se está despidiendo de la vida. En ocasiones se aferran a ella, en otras la abandonan con calma, siempre estamos ahí, cuidar en la muerte es parte de nuestro trabajo. Nuestra herramienta profesional es el sufrimiento de las personas y eso no deja de ser doloroso para nosotras, ni siquiera cuando es algo rutinario.

Para ser buenos profesionales debemos aprender a manejar nuestra empatía. Un término medio entre la frialdad absoluta, que nos convertiría en enfermeras sin corazón, y un exceso de vínculoafectivo, que nos convertiría en enfermeras sin criterio para tomar decisiones dolorosas, pero necesarias para el cuidado adecuado de los pacientes.

Era un martes por la mañana cuando entré en la habitación de Juana por primera vez. Vi a una mujer de unos setenta años, con una palidez extrema, dificultad para respirar y con un gesto serio. Su rictus parecía indicar que era una mujer estricta pero amable. Me presenté y me respondió con un acento francés que me resultó muy agradable.
Era la hora de su dosis de antibiótico, de sus inhaladores y de sus pastillas. Ella me preguntaba sobre todos y cada uno de los fármacos que le iba administrando y yo se lo explicaba mientras iba realizando la tareas mecánicas. Le colocaba un sistema de suero, una bomba de infusión, le cambiaba las gafas nasales de oxígeno por la mascarilla de nebulización y mientras, le explicaba en qué consistían los procedimientos y el tiempo que iba a tardar en poder levantarse de la cama, para acudir al baño y poder realizar su aseo.
Le pareció adecuado el tiempo que le proponía antes de poder asearse y agradeció su medicación. Refería sentir una ligera fatiga que seguro que iba a mejorar con la medicación que yo tenía entre mis manos.
Regresé a su habitación unos quince minutos más tarde, para desconectarle el sistema de suero y la mascarilla, y se levantó para ir al baño. Siempre que veo que uno de mis pacientes está fatigado pienso si será adecuado que se levante. Me da miedo que empeoren y les observo con admiración, por la fuerza de voluntad que demuestran cuando quieren seguir siendo autosuficientes para realizar actos tan rutinarios como acudir al aseo.
Para un paciente en esas condiciones es muy común tirar la toalla y dejar que los profesionales seamos sus manos y a veces también sus pies. Pero la mayoría de mis pacientes oncológicos, conscientes de su gravedad, cogen con fuerza su autocuidado como una cuerda que les amarra a la vida.

Juana llegó fatigada del baño y se dejó caer sobre el sillón con la dignidad del soldado, que acaba de vencer una batalla. En ese mismo momento mi compañera le dejaba la bandeja del desayuno sobre la mesita y Juana pedía con su acento afrancesado un poco de agua caliente para poner una de sus infusiones. Las guardaba en su mesita, le acerqué una de sus bolsitas de té y le comenté que a mí también me encantaba tomar infusiones y que adoraba el aroma del café, pero que nunca lo tomaba. Ella sonrió y asintió con la cabeza mientras, metódicamente, iba colocando todos los elementos necesarios para disponerse a desayunar. La dejé mientras trataba de encontrar un poco de orden y paz, en medio del caos que supone una planta de hospitalización, a la hora de los desayunos.

Al día siguiente la noté más animada y con ganas de charlar, mezclaba palabras en francés de vez en cuando y le pregunté la razón de ese descontrolado bilingüismo. Me contó que había vivido muchos años en Bélgica, tiene allí a parte de su familia. Trabajó en una oficina durante treinta años y crió a tres hijos. Hablamos de los chocolates belgas y le pregunté qué tipo de infusiones eran las que guardaba en el cajón.

Nunca sabes qué tema de conversación va a unirte con un paciente, se crean lazos invisibles, que como en la vida personal, te atan a una persona irremediablemente sin saber cómo ni por qué. Una de las partes de mi profesión que más me apasiona, es conocer historias personales de los pacientes. Me gustan las personas, observo los libros que leen, los objetos personales que les acompañan y definen a la vez. Siempre que el tiempo me lo permite, intento conocer quiénes son, fuera de los muros de la séptima planta.

Juana me contó que su mejor amiga, en Bélgica, era una mujer inglesa que le enseñó a amar el té y le explicó qué infusión era la adecuada, según la hora del día. Yo le confesé mi gusto por el arte de los aromas y me definí a mí misma como una sibarita. No soporto esos lugares en los que llaman infusión a un poco de agua caliente con una bolsita arrojada al fondo de la taza. Ella enseguida se declaró miembro de mi equipo de sibaritas y encontramos un tema que nos transportó a alguna experiencia olfativa especial de nuestra vida.

El sentido del olfato es el encargado de procesar olores que determinados elementos desprenden y que el aire nos transporta hasta el interior de nuestro cuerpo, creando experiencias, que antiguamente, nos ayudaban a valorar la calidad de los alimentos o nos alertaba de situaciones de riesgo.

El olfato nos hace caer en brazos de las personas que amamos, sentimos su olor durante la noche, y en la oscuridad, la memoria de su perfume nos abraza. Cuando queremos evocar un aroma, el cerebro, es capaz de hacerlo, desatando en nosotros recuerdos que perduran toda la vida. Creo que todos podemos rememorar olores de nuestra niñez.

Juana y yo empezamos a hablar de nuestros sabores favoritos y lo fácil que era reconocer a un sibarita como nosotras. Siempre olemos el vapor que desprende nuestra taza y hacemos gestos con la mano para acercar ese aroma a la nariz. Somos raras, lo se, eso nos unió.
Reconocimos que a veces una taza de té es un momento de paz interior, de soledad buscada, de momentos de tomar conciencia de un solo sentido. Otras veces es una excusa para una charla, pero en la mayoría de las ocasiones, tomar un té es un momento de soledad.
La favorita de Juana era la infusión de cardamomo, yo nunca la había probado. Me ofrecí a llevarle un poco de esa infusión de mi tienda favorita, pero me dijo que su hijo vendría de Bélgica y le había encargado todo lo necesario para una temporada. Tengo que probar el cardamomo, le dije.
Tuvimos muchas más conversaciones, me hablaba de su familia y me preguntaba acerca de su proceso. No comprendía cómo su cáncer de pulmón le estaba provocando síntomas que nunca había sentido hasta ese momento. Terribles dolores de espalda y una ansiedad que calmaba pidiéndome algún ansiolítico. Me los agradecía con la calidez y la ternura de quien se sabe en manos de la enfermera que acude a la llamada.
Poco a poco le fui administrando morfina para calmarle el dolor y la disnea. Cuando pasaba a preguntarle qué tal se sentía siempre refería lo bien que le venía y lo a gusto que se había quedado. Mi sexto sentido me iba avisando de que su final se iba acercando.

Una tarde cualquiera, de un turno cualquiera, pasé a saludarla al comienzo de mi rutinario paseo por las habitaciones. No me gustó cómo la sentí. Estaba muy agitada, desorientada y luchaba para mantener los ojos abiertos. Seguía afrancesando sus frases pero su conversación carecía del ingenio que la caracterizaba. Supe que su final se podía tocar con la punta de los dedos. Esa tarde ya no merendó su infusión, no podía.

A veces siento la necesidad de huir ante estas sensaciones que me ahogan las garganta como unas garras. Me escapo al cuarto de baño a respirar y encontrar la fuerza suficiente para mantener una sonrisa. Busco la calma suficiente para que, tanto el paciente, como sus familiares sepan que las decisiones que se deben tomar, son siempre basadas en el conocimiento profesional, acompañado de una dosis de la suficiente empatía.

Hay personas que creen que las enfermeras no tomamos decisiones y que sólo ejecutamos órdenes. Esas creencias están completamente alejadas de la realidad. Tomamos decisiones a todas horas y observar al paciente es la base para tomar dichas decisiones.
El fin de la vida de un paciente puede resultar un fracaso para un médico, una enfermera asume de un modo más humano esta situación. Somos conscientes de que debemos cuidar también en la muerte. Eso nos permite detenernos y aún con el nudo en la garganta que nos ahoga, sabemos cuando es necesario llamar al médico, ofrecer a la familia la posibilidad de despedirse y deshacer los nudos de aquellos que tenemos delante, con las explicaciones necesarias, para que vivan ese momento con la seguridad de que su decisión está basada en el amor.

El médico acude a mi llamada y escucha mis explicaciones. No puedo ya calmarle el dolor con los medios que tengo. Se reúne con su familia y se decide iniciar una sedación.
Rompo metódicamente unas veinte ampollas de medicación que poco a poco voy agregando a un suero y entro en la habitación.

Siempre que voy a colocar una sedación, no se porqué razón, mi nudo me permite sonreír, creo que es un signo de calidez. No se si estoy equivocada pero me parece que es el mejor modo de

transmitir tranquilidad a todas las personas que observan ese suero que llevo entre mis manos, que es para ellos el final de una madre, de una tía, de una abuela, de una esposa...
Juana me dijo “estoy muy cansada hoy”. Le dije que le iba ayudar a dormir para que estuviera mejor, nunca se sabe qué decir en ese momento. La promesa de dormir, de descansar, creo que es la más acertada, al menos es lo que yo creo.

Se durmió. Pasé a verla varias veces, hasta que por fin el sueño venció al cansancio y su gesto era plácido y relajado. La dejé acompañada de su familia. Todos pudieron despedirse.
Yo dejé mi uniforme en la taquilla aquel día y salí corriendo. Las puertas automáticas dejan atrás el nudo de la garganta, pero algunas historias siempre me acompañan camino a casa. Soy consciente de que aliviar el dolor es el principal objetivo cuando ya no hay nada más que hacer, pero la levedad de la vida es algo aterrador que aparece en mis pesadillas muy a menudo.

Todos tratamos de acallar esos miedos. Los que tenemos la suerte de entender la fragilidad del ser humano vivimos más intensamente, aunque a veces se nos olvida. La vida nos absorbe con preocupaciones absurdas, pero hay ocasiones en las que nos ubicamos de nuevo en la punta de la ola y nos deslizamos. Unas veces de golpe, otras mecidos por la espuma, pero la caída a tierra es inmediata y recordamos que lo que separa a la vida, de lo otro, es muy fino, invisible y misterioso. Hoy he decidido impedirle a la vida que me absorba, me quiero dedicar tiempo a mí misma, a mis pensamientos, a respirar, a escribir y a dejarme emocionar. He ido a mi lugar favorito, que como todo en la vida, lo encontré sin buscar y me curó alguna que otra herida, usando aromas que se deslizan por mi interior.

He pedido una infusión de cardamomo, por fin podré probarla, Juana. En este lugar es muy fácil recordarte y hacerte un pequeño homenaje. Sirven las bebidas con mimo, cuidan los detalles y entre sibaritas nos entendemos. Tú me habrías entendido.

Por fin me traen esa taza humeante, la acerco a la nariz, creo que me va a gustar tu infusión favorita. Espero el tiempo necesario para que termine de cocinarse esa magia que luego calentará mi boca y mi garganta, salgo a la calle con la taza entre mis manos, ante la extrañeza de la gente, y dejo caer unas gotas de aroma a cardamomo al suelo, a la tierra. Esta infusión es por tí, espero que te llegue su olor, a través del aire, hacia el lugar en el que estás.




lunes, 27 de abril de 2020

MI PRIMERA PASTILLA PARA DORMIR...

El puto bicho ha llenado de miedo la vida de todos. No os voy a explicar obviedades, sólo quiero contar “mi historia”. Necesito ordenarla, primero para mí y después si quieres leerla, también para tí.

Una noche de la semana pasada, tuve que tomar una pastilla para dormir por primera vez en mi vida. Siempre he aguantado bien las noches, los turnos y la falta de sueño. Tengo la capacidad de recuperarlo a cualquier hora, no me preocupa. Aquella noche, el silencio de la calle golpeaba en mi oido y se convertía en ruido. No podía dejar de escuchar como retumbaba y los pensamientos iban a la velocidad del sonido. Las emociones traducidas de aquellos pensamientos me hacían dar vueltas en la cama sin parar.

Me levantaba, me acostaba, giraba hacia un lado, hacia otro… y nada. Tuve que darme por vencida y reconocer que no estaba siendo capaz de manejar la oscuridad, el aislamiento, la soledad, la incertidumbre, el miedo, al fin y al cabo. Busqué y encontré la calma en forma de pastilla y me dí por vencida. Quise dormir para no pensar. 




Dormir es uno de los mayores placeres de la vida. Nos acostamos como premio a un día agotador, llevamos a cabo algún ritual personal que nos relaja. A veces soñamos, a veces pensamos en nuestras pasiones, la oscuridad suele ser testigo de momentos de luz, de historias que al resguardo de la noche surgen entre el silencio y el susurro. Me negaba a que el puto bicho también me arrebatara otro de mis placeres, pero me presento ante todos con las manos vacías y gastadas. Me rindo, también eso me lo ha arrebatado. 

Ya no sueño, tengo pesadillas, ya no puedo dormir como forma de placer. Duermo para escapar, para que pase el tiempo. Las horas se hacen demasiado pesadas, los días llenos de apatía son más ligeros si cierro los ojos artificialmente. Me has arrebatado mis sueños, puto bicho.

Quizás otro día hable de lo que me has enseñado, pero hoy sólo me apetece dormir.

martes, 31 de diciembre de 2019

NO TE DESEO FELIZ AÑO NUEVO...

No creo en los grandes retos de Año Nuevo, ni en las promesas de cambio en listas tituladas "Para el 2020, voy a...".
No creo en la sinceridad de esas felicitaciones enlatadas, que lo mismo sirven para el compañero de trabajo, que para tu amiga de la infancia.
No creo en la felicidad impuesta en cenas plagadas de marisco, en las que a veces las personas no se conocen de nada.
No creo que nada de lo que nos proponemos en estos días sea real, sincero ni meditado con la profundidad que los cambios precisan. Son más bien el resultado de un exceso de comida, de gastos, de compromisos, de prisas y de agobios que nos vacían y alejan de la realidad diaria.

Cada uno de nosotros tenemos un proceso de crecimiento y aprendizaje muy íntimo y personal. Por esa razón os manifiesto mi incredulidad por "cambios vitales" marcados por el calendario. Una de las maravillas de la vida, es que siempre podemos partir de cero. Mañana puede ser el inicio de una mejora, mañana puede ser un gran día (como decía aquel), pero el 1 de Enero no es nada, al menos para mí.
Las estadísticas dicen que pasadas unas tres semanas, esas grandes promesas de fin de año, ya han pasado a la historia. Supongo que nos proponemos gestos demasiado serios y poco realistas. Mejor poco a poco, amigos.
El carácter, la personalidad, los hábitos... son el resultado de pequeñas decisiones, de pequeños gestos que cuesta mantener en la rutina, que a veces nos absorbe.




Ese "No" a una mala alimentación mantenida en el tiempo. Ese 10 de Marzo, que durante una tarde lluviosa, uno decide salir de casa a hacer ejercicio. Ese cigarro que rechazas tras dos semanas sin fumar. Ese libro que pones en tu mesita de noche para que te acompañe de madrugada. Esa agenda, que decides olvidar los fines de semana para dejarte llevar por los planes improvisados. Ese amigo que decides llamar para comer, cuando no lo impone el calendario. Día a día, poco a poco... Siendo realistas. Los grandes gestos suelen quedar muy bien en el papel, pero no nos cambian, al contrario, nos frustran cuando se convierten en un peso demasiado fuerte para cargar con él.

Comencé este año vacía, perdida y borrada, igual que las huellas sobre la arena, desgastada por las olas infernales de un temporal. Lo termino un poco más llena, como resultado de un trabajo diario. Mañana sólo deseo continuar llenándome, puliendo mis fallos y siendo más capaz de perdonarme, cuando los cometo. No hay grandes gestos, hay un trabajo diario. Pequeñas decisiones y gestos, que nos van enseñando donde está nuestra verdadera calma.
Debo, debemos ser más amables con nosotros mismos. Lo cual implica mantener hábitos saludables, buenas compañías, que nos hagan sonreír y que pongan su hombro para que nos apoyemos. Ser amables con nosotros, nos empuja a dedicarnos tiempo, cariño, descanso, perdón... El resto, supongo que ya no depende de nosotros.

No te deseo Feliz Año. Para alguien tan acostumbrada como yo a vivir sin tener en cuenta el calendario, es más correcto que te desee "se amable contigo mismo", "ten un buen día", "toma pequeñas, buenas decisiones" o "date espacio para equivocarte".

Si decides felicitarme, no me digas "Feliz Año Nuevo".










martes, 3 de septiembre de 2019

PERDER ES UNA DESGRACIA... O NO...

Mi sistema de creencias se está cayendo últimamente.

Me estoy dando cuenta de que las creencias sirven para rodearnos de rígidos corsés que nos aportan enorme seguridad pero que nos restan aire fresco. El ser humano busca seguridad con todos y cada uno de sus actos, la evolución nos ha "construido" así. Hace miles de años el enemigo era ese mamut que nos podía pisar la cabeza, la falta de alimento y las enfermedades infecciosas, fruto de las malas condiciones higiénicas.

Hoy en día, con nuestras necesidades básicas cubiertas (al menos en nuestro ámbito) el enemigo es un monstruo interior llamado "miedo". Cada cual tenemos el nuestro, pero como ente invisible que es, las armas pasan a ser complicadas construcciones mentales que no siempre son sencillas de encontrar. Ya no nos sirve con escondernos en una caverna, tener una buena cosecha o lavarnos las manos antes de comer. Para tratar de combatir al miedo, contamos con sistemas de creencias que nos procuran senderos por los que transitar, nos ayudan a tomar decisiones sin pararse a reflexionar en exceso. Echamos mano de nuestro particular libro de instrucciones y decimos frases petulantes que comienzan por "yo creo que es mejor...", "yo creo que...", "es que yo siempre he creído...". Pues yo creo que (frase petulante modo on) todo esto es variable y que nuestras creencias se pueden disipar de un día para otro, a la vez que la vida nos da una bofetada y nos coloca en aquel lugar que considera que debemos conocer y del cual debemos aprender.



Esta supuesta desgracia, que supone para mí que mis creencias me estén abandonando, me está generando un estado de mayor vulnerabilidad y... ¡SORPRESA! Lo que a priori me parecía un problema, es ahora una bendición. Y como ya sabéis, que soy muy admiradora de las frases que voy rescatando por ahí, os dejo una que me parece que describe a la perfección lo que os trato de explicar... "Aquello a lo que te resistes, PERSISTE".
He decidido no resistirme y mandar mis creencias al rincón de pensar, prefiero sentirme insegura y vulnerable. Esto me está llevando por nuevos caminos, quizás nuevas creencias, descubrimientos y fabulosas experiencias de las que vais a ir formando parte.
CONTINUARÁ...

sábado, 5 de enero de 2019

¡¡SALUD EN UN CLICK CLICK... HURRA!!

Todo comenzó con un mensaje de Don Sacarino...
Y por arte de magia se formó un grupo de mentes inquietas y un poco rebeldes. Yo soy la más mayor de todos ellos, nos separan kilómetros y años, nos une la pasión por compartir, las redes sociales, la comunicación y las ganas de ser los "raros" del lugar. Yo soy una rara orgullosa, lo llevo como bandera, hace tiempo que no me preocupa.
En una videollamada se sentaron las bases del proyecto, se le puso nombre, distribuimos las tareas, se creó una web, twitter, instagram y facebook. La videollamada duró menos de una hora. Hay empresas, hospitales o servicios de salud que tardan meses e incluso años en llevar a cabo estas acciones. Ahí lo dejo...
Yo estaba en mi sofá, sorprendida de la fluidez con la que nos comunicábamos nueve personas que no nos habíamos visto nunca. ¿Qué nos unía? Un propósito. Creo que esta es la razón de la eficiencia con la que trabajamos aquel día, y los días que llevamos.
En otra ocasión os contaré el objetivo del grupo, hoy me apetece hablar del grupo en sí mismo, de la parte humana.
Hemos creado un grupo para comunicarnos. En él tenemos charlas tan diversas que darían para un libro de enfermería, humor, psicología o filosofía. Sin pretenderlo hemos fundado unos códigos de comunicación. Los que trabajamos a turnos sabemos muy bien que vivimos en horarios muy dispares, así pueden haber charlas a las dos de la mañana y a las cinco de la tarde, da igual. Siempre hay alguien despierto.

Nos contamos temas personales, poco a poco hemos ido creando unos vínculos difíciles de explicar. Discrepo totalmente de las opiniones que banalizan sobre las redes sociales y que opinan que nos alejan de las personas. Creo firmemente que es todo lo contrario, nos acerca a nuestros pares.
 Quizás en nuestro entorno es imposible encontrar a personas que tengan intereses comunes con nosotros, eso en ocasiones hace que se pierdan por el camino inquietudes que podrían resultarnos muy enriquecededoras, de este modo nos alimentamos de gente con la que crecemos y que nos hace sentir "en casa" a través de la pantalla de un ordenador. El problema es cuando perdemos la capacidad de comunicarnos con los que tenemos en frente. Debemos considerarlas como una herramienta más para socializar, el problema está cuando sólo se socializa vía internet.


Os voy a presentar a mis pares en esto de Salud en un click.

Ana: Apasionada del cuidado de los niños. Se encarga de transmitir conocimientos para que el mundo de los padres primerizos sea menos aterrador, fiel convencida de la educación para la salud, de la enfermería escolar y de todo lo que tenga que ver con los más pequeños. Tiene en su casa a una niña muy especial,  para ella es su guía, su angel. Dios se la puso en el camino para hacer de Ana un ser que va mejorando el mundo allá por donde pisa. En ocasiones da tanto a los demás que se fatiga, pero eso son los efectos secundarios de la bondad. Es muy jóven, estoy segura que aprenderá a decir NO, pero aún le cuesta.

María: Valenciana. La gente la adora en redes sociales, ahora he entendido porqué. Es generosa, Con una fuerza de voluntad de hierro.Su "obsesión" personal es la de fomentar el adecuado uso de las vacunas, una labor vital en este tiempo en el que parece que alguien ha convencido a muchos de que hay una "teoría de la conspiración" y que las vacunas son el demonio que nos inocula veneno, sólo puedo llamarles "ignorantes", lo demás se lo dice María a golpe de infografía y educación para la salud. Es una persona humilde y con convicciones muy fuertes. Su aspecto dista mucho de la fuerza interior que transmite cuando nos habla.

Elena: Es puro conocimiento. Creo que es de esas personas que trasmiten una fuerza sobrenatural, que es capaz de atender un tráfico, un infarto, un ictus, escribir una entrada sobre la interpretación de electros, preparar una clase, corregir exámenes, editar un podcast y salir a pasear a sus perros mientras nos envía audios sobre cualquier proyecto que le bulle en la cabeza. Es fuerte pero creo que nos tiene a todos engañados. Es pura sensibilidad, responsable, perfeccionista, emprendedora y eso a veces la agota. Creo que este año va a aprender a no hacer nada, a escuchar el silencio, creo que tiene muchas cosas que contarle.

Ágata: La más jóven del grupo,  a veces nos da lecciones de sentido común a los más mayores. Se niega a aceptar muchas cosas porque sí, va a hacer que se tambaleen muchos cimientos. Va a lograr poner muchas "caras coloradas" con sus apabullantes argumentos. Lleva poco tiempo siendo enfermera, pero conoce muy bien la profesión, va a ser capaz de cambiarla, estoy segura. Tiene una sonrisa permanente y con ella va a ser capaz de llegar muy lejos. También le cuesta decir NO. Crece muy rápido. Es responsable y muy valiente.

Sergio: Emprendedor. Nuestro enfermero, casi dietista del grupo. Otro "culo inquieto" que tiene web, podcast, trabaja, estudia, cocina, enseña... Sergio es un estupendo creativo que te monta una web en un pestañeo. Es el fichaje perfecto para cualquier empresa. Ama la alimentación, se le nota. Tenéis que escuchar sus podcast, habla claro sobre nutrición, con él no sirven las excusas. Dieta sana sí o sí..

Óscar: Un enfermero curioso, generoso, que comparte sus investigaciones con todos con el objetivo de que seamos un poco más rigurosos en nuestros procedimientos. Forma parte de iniciativas que suponen un compromiso personal que él desempeña con gusto. Un enfermero muy jóven, muy talentoso y que va a ser un referente en temas de investigación, no me cabe la menor duda.

Jesús: Un gaditano en Noruega. No sólo ha sido valiente para irse tan lejos para buscar su futuro, si no que ha decidido compartir sus vivencias y aprendizajes con los demás con el objetivo de ayudarles. En mi caso, jamás me iré a trabajar a Noruega pero me encanta seguir sus andanzas, todo lo cuenta con la cercanía adecuada como para que me genere curiosidad. Con él todos estamos en Noruega, nos envía fotos de sus platos de reno estofado y auroras boreales. Otro creativo que nos hace sonreir en forma de GIF cada día. Este año encontrará su lugar en Noruega, estoy segura de ello. Va a plantar raices.

Adrián: Don Sacarino. Pura energia, quema su glucosa creando entradas en su web, organizando charlas, podcast o iniciativas como esta. Ha logrado convertir la patología, que llamó a su puerta en la adolescencia,  en su arma. Gracias al aprendizaje que le ha aportado su diabetes, se ha convertido en un referente en el tema. Ha creado una enorme familia que le agradece la templanza con la que aborda un tema que a veces entra en las casas para desbaratar vidas muy jóvenes. Le encanta la pediatría y la docencia, estoy segura de que en algún momento logrará unir ambas vertientes. Transmite tranquilidad, calma, sosiego pero Adrián es pura energia. Ha sabido encontrar la forma de trasnformar esa energia en calma, crear contenidos de un modo desinteresado. En el caso de Adrián que da claro eso de que "la energia no se crea ni se destruye, se transforma".

Menudo equipo, ¿eh? Creo que queda todo dicho. Seguiremos informando.


miércoles, 5 de septiembre de 2018

¿ENFERMERA YOUTUBER?

23  de abril de 2018, la enfermera que os habla cumple 40 años. No encuentro mejor día para iniciar el nuevo proyecto que forma parte de mi proceso de "evolución". Nace mi canal de Youtube "Enfermera en evolución", un pequeño lugar en el que trato de aprender mucho y enseñar un poco.
Considero que el canal me está permitiendo crecer en muchos aspectos. He conocido a personas, que desde sus ajetreadas vidas, tienen la intención de hacer del mundo un lugar mejor, esto no tiene comparación con lo poco que yo pueda enseñar a través de los vídeos a aquellas personas que se animen a ver lo que tengo que contarles.
Así que os confieso que el proyecto de enfermera youtuber es la excusa para que yo pueda aprender de todo lo que me rodea.

La experiencia nació durante el máster de enfermería digital que cursé el año pasado y se hizo realidad cuando mi amigo Carter (el creador de un canal de viajes llamado Carter vlogs) me enseñó lo entretenido que es ver el mundo desde la pantalla de una cámara. Él derrocha pasión por lo que hace y es contagioso, por ese motivo conocerle fue un empujón para atreverme a comprar una cámara y empezar a pensar qué es lo que quería contar.
Mi principal objetivo, además de mi propio enriquecimiento, es lograr contagiar a alguien la pasión por la vida sana.
En segundo lugar, y no menos importante, está darle visibilidad a la figura de la enfermera, como catalizador de una historia con moraleja que tenga como resultado final un aprendizaje que nos permita tener una vida más sana.
En tercer lugar estaría una idea más ¿romántica? que no se sí yo seré capaz de alcanzar. Contar historias, mostrar cómo ven mis ojos (o más bien mis gafas) el mundo que nos rodea.



Soy gran consumidora de canales de youtube en los que sus creadores hacen grandes esfuerzos por mostrarnos un mundo mejor al que los medios de comunicación hacen. Parece que a alguien le interesa que seamos una sociedad con miedo, de este modo somos mucho más manipulables, el miedo paraliza. Yo soy una persona bastante tendente al desanimo, es por esto que necesito rodearme de estímulos positivos, de personas con entusiasmo por lo que cada amanecer les procura. Estas reflexiones (junto con lo que os cito anteriormente) me influyeron en mi decisión de formar parte de este grupo de personas que tratan de lanzar mensajes positivos, noticias de gente trabajadora y sincera y pasear con la cámara a cuestas para lograr atrapar lo bueno que nos rodea. Para malas noticias, desanimo, fracasos, gente mala y días lluviosos ya habrá tiempo.

Si os gusta esta idea de que una enfermera forme parte de este selecto grupo de youtubers podéis ir a mi canal y suscribiros. Tengo la esperanza de que a los consumidores de youtube no sólo les interesen vídeos de belleza. Guardo la esperanza de que la salud también se convierta en un tema de interés y que una enfermera pueda mostrar un mundo mejor, nuestra figura no debe estar siempre ligada al sufrimiento y a la enfermedad. ¿No os parece?

miércoles, 13 de junio de 2018

Tres meses de crecimiento más un máster...

Hoy me asomo a la pantalla en blanco para seguir construyendo este diario personal que comparto con aquellos que se animan a acompañarme en el camino.
He revisado la fecha de la última entrada y parece que ha pasado más tiempo desde que escribí la última vez, ya que han sido tres meses de muchas "primeras veces". Tengo el acuerdo tácito con mi pareja para hacer de cuando en cuando "algo" por primera vez, esto lo hacemos inconscientemente a veces pero en otras ocasiones tenemos que forzarnos a salir de nuestro espacio de confort y decidimos pequeños retos, experiencias, sabores u olores que nos suelen despertar sensaciones que quizás desconocíamos. En el aspecto profesional hace bastante tiempo que no me enfrentaba a ninguna "primera vez" y en estos tres meses han sido varias, os las voy a contar y así me ayudo a mí misma a recordarlas y valorarlas.
En abril fue la primera vez que viajé invitada a dar una charla en un congreso fuera de Asturias. Me invitaron al Hospital de Tomelloso a presentar el proyecto que, junto con otros compañeros, hemos creado y que ya os citado varias veces, www.oncodudas.es. Se trata de una web con información para el paciente oncológico. Este proyecto, lejos de quedar en un hecho aislado, ha sido la llave que me ha abierto una puerta a un mundo apasionante, la enfermería digital. Aún estoy mirando a través del umbral de la puerta, pero lo que vislumbro me está invitando a entrar. Tras la puesta en marcha de este proyecto, sentí que como enfermera tenía la obligación de aprender más sobre este tipo de herramientas que se acercan a la población y que la importancia de internet en nuestra sociedad iba más allá del manejo de una plantilla de Wordpress, es un estilo de vida o mejor aún es EL estilo de vida de la sociedad que nos rodea y que no son ni más ni menos que nuestros pacientes.

¡Menudo descubrimiento! Puedo sacar a la enfermera del hospital, a esto puedo sumarle otra de mis pasiones, que es la comunicación y encima voy a hacer algo por primera vez.
Es emocionante sentir que no todo está hecho y que hay inquietudes que se presentan casi sin planearlo. ¡Qué lejos de la cultura del "hacer cursos para La Bolsa" o de "empollar legislación para la OPE"!
Me puse manos a la obra, planifiqué una charla para Tomelloso, con mucha ilusión y puse en práctica conocimientos que estaba adquiriendo en el maravilloso máster de enfermería digital (que se merece una entrada propia para que os lo explique bien), que se ha convertido para mí en otra pieza clave para lograr meter la "llave" en esta "puerta", en cuyo umbral me encuentro ahora.
Después de esa charla vinieron otra dos, esta vez en mi hospital. Una con alumnos de enfermería y otra en unas jornadas, en las que tuve la suerte de estar en la mesa de clausura con Fernando Campaña, un referente en esto de la enfermería digital. Otras dos primeras veces y todo en menos de tres meses.
Debo reconocer grandes nervios, boca seca, tazas de tila, inseguridad, diapositivas que iban a la papelera de continuo, horas de ensayo por casa... No es fácil hacer cosas por primera vez, da miedo, pero una vez superadas es muy gratificante. He sentido el placer del trabajo no del todo mal hecho.
Creí que en plano profesional ya lo tenía todo más o menos controlado, pero se han presentado nuevos retos que han activado a la profesional y a la persona.
Incluso ser incomprendida por algunos me parece correcto, ya que los pequeños cambios comienzan siempre ante la mirada de sorpresa e inquietud de aquellos que hace mucho tiempo que no experimentan algo por primera vez.
Seguiremos informando de primeras veces.

jueves, 1 de marzo de 2018

Cuando tu paciente lleva ingresado más de dos meses...

Las enfermeras deben desconectar al salir del hospital.
Las enfermeras con el tiempo se vuelven más frías.
Las enfermeras no deben dar confianza a los pacientes.
Las enfermeras deben ser duras.
A las enfermeras no les puede afectar cuando un paciente se muere.
Todo esto también para mis queridos enfermeros (tenéis que perdonar que siempre hable en femenino)
Cuando uno trabaja rodeado de sufrimiento es imposible que no le traspase. Todos hemos oido y  dicho alguna de las frases anteriores, pero no somos máquinas y la empatía que a veces nos hace ser buenas personas y profesionales nos juega malas pasadas.
Hay ocasiones, en que por alguna extraña razón, se empatiza más con un paciente, bien por su personalidad, por su circunstancia o por las dichosas energias que nos atraen hacia alguien sin saber porqué.

No es cierto que con el paso de los años nos volvamos mas frías, pero sí que aprendemos a gestionar mejor los sentimientos frente a los enfermos. Evitamos ciertas conversaciones y quizás de este modo estemos incurriendo en una mala praxis, ya que prima nuestra autoprotección antes que el hecho de permitirle a un paciente buscar un apoyo, una información o una respuesta. Hay algunos que saben que se van a morir y sólo necesitan solventar algunos cabos sueltos en su vida, despedirse o ver a alguna persona en particular. Mentir a los enfermos no es una buena idea. A veces lo hacemos, y creo que lo hacemos para protegernos de una situación que quizás no sabemos manejar bien.
También ocurre que hay pacientes con ingresos reiterados o largos. Los conoces y ellos también conocen al personal de la planta. La importante "relación de ayuda" que se debe establecer entre enfermo-profesional se ve trastocada. Se establecen vínculos por muchas herramientas que uno haya trabajado y el paciente crea una cierta "dependencia" hacia los profesionales que conoce. Nace cierta desconfianza hacia las enfermeras/os que no conoce e incluso sabe las destrezas de cada profesional. En ocasiones sabe quién pincha mejor, quién es más flexible a las normas, quién atiende más rápido a la llamada...
Los profesionales conocen a la familia del paciente, sabe quién es su hijo, a qué se dedica, cuándo es su cumpleaños o cuándo tiene un examen.
Se crean intrahistorias en el hospital, relaciones que tienen como escenario el lugar de trabajo y que duran las horas del turno en las que eres uno más de la familia.
Luego, nos quitamos el uniforme y ¿qué pasa? ¿dejamos esas relaciones al otro lado? ¿tenemos un botón on/off?...

miércoles, 10 de enero de 2018

Y el ganador es...

De pequeña hacía playbacks de Withney Houston con el peine como micro e imaginaba los aplausos del público admirando mi capacidad vocal pero jamás pensé que iba a acudir a una gala de entrega de premios como enfermera y además como finalista.
Esto sucedió en noviembre del 2017 pero la emoción comenzó en el momento en el que recibí la llamada de la responsable de la revista " Enfermería en Desarrollo" para comunicarme que nuestro trabajo había resultado finalista entre más de 200.
Nuestra web www.oncodudas.es está recibiendo el apoyo de los pacientes, tiene ya cerca de 100.000 visitas y decidimos presentar un trabajo en el que analizábamos la necesidad y el impacto de una herramienta tan útil como esta. Recibimos el reconocimiento del jurado y nos llenó de emoción poder compartir una noche con colegas venidos de toda España.
No ganamos, pero sí triunfamos. La experiencia fue única y debo dar las gracias a los organizadores de los premios por promover con tanto cariño una iniciativa que dé visibilidad a nuestra profesión y que con su reconocimiento nos motive a seguir trabajando.
Los días previos a la gala, grabamos un vídeo que se difundió por redes sociales y permitió así dar más apoyo a nuestro trabajo, con eso ya nos sentimos muy afortunados. La dirección del hospital nos acompañó a Madrid en un viaje cargado de emoción, en el que todos éramos una piña, lo cual fué muy emotivo a nivel personal.
La ilusión es un arma muy poderosa y en aquellos días ese sentimiento nos acompañó a todos. Los compañeros de la planta , los familiares y amigos conectaron con la emisión de la gala y estaban pendientes de unos enfermeros que iban a ser aplaudidos por eso, por ser enfermeros, por trabajar con ilusión, por pensar en sus pacientes y por tratar de "inventar" algo que mejore la vida de las personas.
No está muy de moda que se aplauda el trabajo desinteresado, el sacrificio, la seriedad o la profesionalidad. Por eso, es más satisfactorio haber podido vivir aquella vivencia.
Hubo momentos de la noche en los que me sentí pequeña, hay colegas muy preparados, con mucha formación y que presentaban trabajos muy complejos que les han debido suponer muchas horas de estudio. En mi caso, era la segunda vez que presentaba un trabajo y tengo muchas lagunas en lo que se refiere a la investigación (más bien tengo océanos) Las palabras de apoyo de muchas personas que se acercaron a mí a darme la enhorabuena me hicieron sentir más importante que la protagonista de El guardaspaldas en la entrega de los Oscar. Además tuvieron el precioso detalle de hacernos subir al escenario también a los finalistas a recoger los diplomas, así que nuestros familiares nos pudieron aplaudir desde casa, pese a no haber ganado.


Aquella noche fue una celebración de lo que somos y de la importancia que la enfermería tiene en la sociedad. Estamos tan acostumbrados a trabajar en silencio, llegar a casa y ocultar lo que hemos dejado en el hospital que fue una terapia de choque, una palmada en el hombro.
Puede parecer superficial, pero creo que todos necesitamos que nos digan, de vez en cuando, que somos buenos, tanto a nivel profesional como a nivel personal. Los mensajes positivos nos cargan de seguridad en uno mismo y aunque la opinión externa hay que verla con cierta distancia, es necesario recibir cariño y palabras de ánimo.
Si algo debo resaltar de la experciencia de haber sido "finalista" es que me ha puesto en el camino nuevos objetivos, lucharé para lograrlos sin olvidar que "lo maravilloso de un viaje, no es el destino, es lo que nos llevó hasta él".

domingo, 19 de noviembre de 2017

Un año de evolución... digital con ONCODUDAS

Llevo mucho tiempo sin hacer una reflexión ante la hoja en blanco de los últimos acontecimientos, así que vamos a ello.
Hace tiempo escuché a una jefa muy sabia que cuando se salía del hospital había que llenar nuestra vida de actividades que nos alejasen de la enfermedad. A veces la vida nos hace imposible esta lejanía ya que la enfermedad de un modo u otro también llama a la puerta de nuestra vida personal y tenemos que ejercer el papel de madres, hijas, hermanas o pacientes en nuestro tiempo libre. La vida es así, nos lleva de la salud a la enfermedad en cuestión de segundos y no nos queda más que adaptarnos, sufrir cuando no queda más remedio y sonreír cuando nos da un respiro.
Por esa lección que la profesión me da a diario trato de salir del hospital y dejar a los pacientes al otro lado de la puerta. Hay que tener ocio, cuanto más mejor. Esforzarse esos días en los que las piernas te pesan e ir a caminar a la playa o al gimnasio. Ir de cena con tu pareja cuando es sábado y tú trabajas el domingo a las ocho de la mañana, intentar quedar con esa amiga que hace tiempo que no ves aunque hayas dormido dos horas porque la noche fue mala. Los días que durante la semana, la pareja, la amiga y el mundo están trabajando y tú descansas hay que apuntarse a guitarra, a inglés, a clases de zumba, de yoga o de informática.

Este camino me llevó a descubrir el mundo digital y me animé a aprender a diseñar webs, a editar videos, a escribir un blog... Mis amigos me llaman friki y yo les doy la razón (al menos soy algo...), me gusta estar a la última y aunque esto me supone demasiada búsqueda ( el mundo va muy rápido), me mantiene la mente ágil y fuera de las historias que hay tras las puertas de la habitaciones del hospital.
Así surge la inquietud por fusionar mis pasiones, mi profesión, la tecnología, la comunicación y el frikismo más absoluto. Mi mente fabrica ideas que siempre consulto con MC y cuando su gesto se vuelve serio y me anima diciéndome que son buenos proyectos, yo me pongo manos a la obra.
Así nace la idea de crear una web llamada oncodudas.es
En el hospital me han acompañado y lo siguen haciendo un grupo de estupendos profesionales que están siempre dispuestos a trabajar, que creyeron en la idea y que me van dirigiendo en el camino con consejos siempre acertados.
La web la pudimos presentar en el Congreso Nacional de la SEEO en Valencia en mayo. Ir a un congreso debería ser algo que todos los enfermeros y enfermeras deberían poder vivir alguna vez. La sanidad pública debería fomentar esto, ya que la interacción con otros profesionales de otras regiones es francamente enriquecedor. Te motiva y te hace sentir parte de un grupo que va más allá de nuestras plantas. Es bueno dejar de vernos en nuestros espacios de confort, estimula nuestras neuronas. Pero la carestía de estos eventos hace muy difícil poder acudir todo lo que nos gustaría. En mi caso debo dar las gracias a mi supervisora que me facilitó el acceso a esta reunión.
La historia de oncodudas.es se sigue escribiendo a día de hoy y espero continuar con esta reflexión en una segunda parte en la que quede demostrado que soy la enfermera friki en evolución.

martes, 24 de mayo de 2016

El ojo de la enfermera...

Siento que me voy haciendo mayor, ya soy de esas enfermeras que tiene historias que contar e incluso a veces surge de mi boca la mítica y temida frase de "toda la vida se hizo así..."
Reconozco que me gusta sentirme al día en todos los aspectos de la vida, soy de las personas que leen la prensa y que aunque la tecnología vaya muy rápido yo siempre intento conocer apliciones, programas o inventos que surgan del universo de la manzana y de los de más allá.
En el hospital sí que trato de conocer aquello que manejo, ya sean patologías, material o fármacos, pero sí que me declaro culpable de no estar metida entre manuales de enfermería a la salida del trabajo. Admiro a las compañeras que preparan master, OPE o EIR. Yo soy de aquellas que en su época académica estudiaba a diario y actualmente mi curiosidad va por otros derroteros diferentes a los de los temarios. Quizás sea un error pero hay poco tiempo y muchas cosas que hacer. Desde aquí mi aplauso sonoro a todas las que están frente a un escritorio estudiando ahora mismo. 



Cuando os digo que me siento a veces como la típica enfermera sargento, gruñona y maniática es principalmente cuando tengo cerca a estudiantes de enfermería que desbordan el egocentrismo propio de la juventud el cual a veces puede resultar peligroso. Muchas veces hay que ver, oir y callar, también me incluyo en esto ya que siempre hay que tener las orejas bien abiertas ante el aprendizaje. Las jóvenes que acuden al hospital a formarse aterrizan con poca humildad, incluso yo siento que soy una ignorante en muchos aspectos. Aquellas jóvenes minienfermeras destilan exceso de conocimiento teorico y no se muy bien donde decirles que se aprende a ver, a oir y a interpretar a los enfermos. Eso no viene en ningún temario ni manual de fisiología.
 Que quede claro que no trato con desdén el conocimiento científico que debemos actualizar siempre, pero éste debe ir de la mano de una parte humanista que nunca debemos perder de vista.
Es una utopía, lo se, pero tanto en la enfermería como en otras profesiones, las personas felices y motivadas serán siempre mejores en su desempeño laboral. Así que una parte importante de nosotros debe ser trabajada en forma de hobbies, de este modo creo que se acude más fresco a trabajar. La mente está más limpia y la enfermera podrá tener la paciencia que muchas veces nos es necesaria frente a los problemas que surgen en manada durante nuestro turno. Esto tampoco viene en ningún manual. Ojalá consigamos la jornada de 35 horas, seríamos más trabajando e iríamos mucho más descansadas.
Así que como enfermera que recientemente ha cumplido años dejo aquí unos miniconsejos. Escuchad a los mayores, dejad el hospital atrás cuando se cierren las puertas, tened hobbies que no sean la enfermería y NUNCA olvideís que trabajamos para mejorar la vida de las personas hasta incluso en su último momento . Eso no viene en nigún manual.
Menos mal que de momento siempre hay una profesional más mayor cerca de mí, podré seguir aprendiendo y seguro que ella ve en mí el egocentrismo propio de mi "juventud" (divino tesoro).

martes, 2 de febrero de 2016

Enfermería y tecnología.

En estos últimos meses he estado intentando unir dos de mis pasiones, la enfermería y la tecnología. Me parece que vivimos en un mundo en el que todo va muy rápido y que no debemos quedarnos atrás, a veces es muy difícil seguir el ritmo de las innovaciones pero lo que tengo claro es que no quiero ser la típica torpe que no sabe usar alguna de las nuevas herramientas que la evolución tecnológica pone en nuestras manos.
En nuestro nuevo hospital se ha intentado convertir a todas las enfermeras en miembros de la "secta" de la informática, algunas aún resoplan por los pasillos mientras echan de menos el papel de calco. Esta mala adaptación no tiene que ver con la edad pero sí con las ganas y con la inquietud. Las personas en general estamos más cómodos con aquello que conocemos y más aún si estamos hablando de un entorno hospitalario donde la motivación por parte del propio sistema brilla por su ausencia. Lo importante es el paciente, eso sin duda, pero está claro que hay algunos avances que puede dejarnos más tiempo para el cuidado del enfermo y le pueden restar minutos al tedioso papeleo. El problema viene cuando la herramienta se convierte en un fin en lugar de en un medio y nos entorpece en el arte de cuidar.

En el caso de mi hospital puedo decir que las personas que elaboran el sistema informático que manejamos nunca han tenido una mañana en la que hay que pinchar a tres pacientes, uno de ellos tiene un crisis, en la habitación del fondo, hay que sedar a una enferma, hay que cambiar una sonda vesical, recolocar una sonda nasogástrica, poner la medicación de once pacientes, curar una nefrostomía, dos vías centrales, aspirar a una enferma que se ha atragantado en el desayuno, valorar una úlcera en el sacro e ir al otro extremo del pasillo a pedir al médico que te prescriba (gracias al famoso real decreto) una cura con colagenasa (ojo a la cara de sorpresa del médico), atender al teléfono y anotar las ayunas de dos enfermos, hacer dos altas de enfermería y finalmente sentarse o agacharse a cubrir los interminables formularios que aquellas que están sentadas en los despachos valoran para dar a tu planta la Q de calidad. ¡Es inaudito!
Por mi parte quiero que la tecnología esté a mi servicio y que además me entretenga en parte de mi tiempo libre y como habeis visto, estoy haciendo cosillas en la radio. Hago las grabaciones y les pongo música que me gusta y gracias a un amigo salen en una pequeña emisora local. Me apetece que lo que hago sea útil y que lo poco que yo haya aprendido (y lo que me queda por aprender) esté al servicio de la población y sería muy mezquino por nuestra parte rechazar los ordenadores, las app o internet para lograr que nuestro trabajo brille un poco más.
Esto va dirigido a quien manda, a las cabezas pensantes. No nos obliguen a ser esclavos de la innovación, dennos facilidades no obstáculos. Los enfermos se lo agradecerán también.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Dos meses en oncología...

Creo que ya estoy en disposición de compartir mis impresiones sobre mi nuevo destino, oncología. Han pasado poco más de dos meses, me siento afortunada por tener un destino y cruzo los dedos para que mis compañeras tengan esa misma suerte, ya que el hecho de rotar continuamente de un servicio a otro resta mucho en el conocimiento de tus pacientes y del servicio en general, por tanto nuestra eficacia y motivación se ven mermadas.
He pasado de tratar a pacientes neurológicos a pacientes oncológicos. Ambos son servicios que llamamos médicos (se diferencian de los que venimos llamando quirúrgicos) por tanto el salto ha sido muy pequeño por un lado y muy grande por el otro. La diferencia más destacable creo que es la media de edad de los pacientes que tengo ahora. Las primeras semanas observaba cómo el enfermo más mayor podía tener setenta años, lo cual es una media de edad baja. Esto lleva implícitos muchos factores que a la hora de trabajar afectan a la relación enfermera-paciente. Son enfermos que aún tienen mucha vida por delante, con familias que aún no están preparadas para despedirse y por tanto es muy probable que la pena sea un sentimiento más habitual en este servicio antes que en cualquier otro.
No es sano llevarse la pena para casa un día tras otro, por tanto hay que tratar de ser profesional en el hospital, humano a pie de cama, flexible muchas veces en los cuidados y en la relación con el familiar pero inflexible con el momento en que se abandona el hospital y enfermera pasa a ser persona, la pena debe evaporarse igual que el olor del desifectante para las manos si no el sufrimiento no nos dejaría vivir plenamente.
En estos primeros meses he vuelto a soñar con pacientes, sueros, patologías y especialmente con ese día en el que tienes que ir a trabajar pero no llegas porque te equivocas de bus o porque resulta que aún te queda por aprobar una asignatura. Todo ello refleja inseguridad y es lógico cuando se enfrenta un nuevo reto, estoy segura de que cuando hayan pasado algunas semanas más volveré a soñar con calas de Ibiza y zumos tropicales.
En el aspecto más técnico debo decir que lo más complejo es el uso de las quimioterapias, esos cócteles que matan lo malo pero también lo bueno y que crean en el palo de gotero laberintos de sistemas de gotero que hay que mirar con mucho detenimiento. Canalizar las venas ya muy quemadas es otro problema, a esto hay que sumarle que el enfermo oncológico está harto de que le pinchen, el resultado es que hay que ir con más calma y lentitud (siempre que el tiempo lo permita) en el momento de cualquier procedimiento.

Poco a poco tendré algún conocimiento más y podré tener más dudas e incluso opiniones más basadas en la evidencia. De momento estoy contenta de ser "la nueva" por unos meses, la pesada que pregunta y que está con los ojos y los oidos abiertos a ver que es lo que aprende.
No quiero que se me olvide destacar lo agradecido que es este tipo de paciente, está acostumbrado a sufrir, por eso agradece cualquier charla, aunque sea que le digas la temperatura que hace en la calle, esto es muy reconfortante a la hora de trabajar.
Seguiré informando.
Gracias y Feliz Año.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Nuevo destino... Evolucionando

Hola, hoy escribo el blog con una mezcla de sensaciones, añoranza por lo que dejo atrás y emoción por la nueva puerta que se me abre. He tenido suerte porque tras haber cesado mi contrato de interino que me había durado seis largos años he podido regresar al mismo hospital con un contrato más o menos estable, no todas las compañeras han podido volver por tanto puedo reconocer que el azar me ha acompañado. A las demás les deseo suerte, nos volveremos a encontrar seguro.
Seis años en neurología donde he aprendido mucho y me he encontrado con gente que se convirtió en parte de mi familia, iba a trabajar con ganas y cuando había algún problema parace que se hacía más llevadero con su compañía. Eran caras amigables que sabían entender mi pronto y siempre les guardaré un hueco en mi corazón. Recuerdo cuando entré por la puerta de la planta, en el ya viejo hospital y conocí a la que iba a ser mi compañera durante estos años, lo contenta que me puse al ver que era una chica joven que pronto me transmitió una gran ternura, que hoy sigue perdurando. Después de tantos tumbos por fin iba a tener una planta estable y aquello me lleneba de emoción en aquellos momentos.
Hace un mes, se produjeron los ceses y desde entonces hasta hoy he pasado por seis plantas diferentes. He visto como en algunas se siguen manteniendo viejas manías de un viejo hospital y otras se han renovado totalmente. Me he encontrado con gente que hacía años que no veía y he sido consciente de que me hago mayor (esto no me hace tanta gracia) porque ya hablo de décadas pero ayer, por fin, recibo la noticia de que tengo una ubicación estable, oncología. Estoy muy contenta, guardo buenos recuerdos de las veces que trabajé en este servicio, los pacientes son especiales, muchos llevan luchando contra su enfermedad años y tienen una valentía y coraje que merece que los profesionales a su cargo estemos a la altura un poco más de lo normal.


Toca renovar conocimientos y adaptarse mentalmente a la nueva patología, así que estas semanas seré la típica compañera pesada que pregunta todo mil veces y que no encuentra nunca nada en los almacenes, espero que me perdonen. Toca también seguir llevando a cabo el consejo que hace mucho le oí a la supervisora de este mismo servicio y es que para ser buena enfermera cuando se sale del hospital hay que hacer cosas ajenas a la sanidad. Hay que llenarse de actividades, viajar, hacer aunque sea punto de cruz (este no va a ser mi caso). Sólo así podrás llegar con energía a enfrentarse con la enfermedad, no obsesionarse y no convertirse en un ser hipocondriaco. Así que como yo no tengo la edad suficiente para dar consejos a nadie voy a parafrasear a esta enfermera, yo creo que merece la pena el consejo ya que viene a decir que seamos felices, ya que sólo así podrás dar un poco de luz al que está sumido en la mayor de las oscuridades.
Toca empezar...

miércoles, 2 de septiembre de 2015

OPE y baremo.

Incertidumbre e ira, esas son las dos palabras que describen mi estado de ánimo de estos días. Tras no haber aprobado la OPE en el 2012, mi plaza de interina se va al garete tras un cúmulo de ilegalidades que el servicio de salud de Asturias ha tenido a bien llevar a cabo gracias al apoyo de los sindicatos. Tenemos los sindicatos que menos apoyan a los trabajadores, en eso somos ganadoras.
Las noticias del cese de unas 170 enfermeras del hospital circula por los medios de comunicación y decenas de personas con el síndrome antifuncionario se frotan las manos disfrutando con el hecho de que perdamos nuestro empleo, eso me provoca tristeza, rabia e impotencia.
Vamos a cesar personas con una media de edad entre los 30-40 años, con experciencia de entre 10-15 años. Los ceses son de vacantes sólo del hospital porque algún lumbreras ha decidido que en atención primaria no cesen vacantes que han sido ofertadas con 1-2 puntos a gente con una media de edad entre 20-25 años por el hecho de haber aprobado una especialidad. Nuestros propios sindicatos creen que aquellas personas que tienen menos experiencia asistencial pero sí un título, que por ejemplo cuando yo terminé la carrera no existía, tienen derecho a mantener su plaza.
 Yo no quiero el perjuicio de nadie, sólo quiero justicia y sentido común y ojalá todos tuviéramos derecho a un puesto de trabajo estable, eso haría que nuestro sistema de salud fuese más efectivo.
Yo llevo 6 años con mi interinidad. Antes de eso, trabajé 2 años fuera de Asturias cobrando una miseria y llevando plantas yo sola y descansando un día por semana. Después volví a Asturias y estuve unos 5 años firmando contratos que podían durar 2 días o 5 meses. Recibía mi planificación semanal los jueves, por lo tanto no tenía seguridad ni para poder pedir cita a un médico. Cada día me podían mandar a un servicio diferente, oncología, cirugía, neuro, medicina interna... y en todos ellos debía demostrar cada día que al menos sabías dónde guardaban las jeringas. No tenía vacaciones y si quería hacer algún viaje compraba el billete de un día para otro entre un contrato y el siguiente con el miedo de que sonara el teléfono y tuvieras que cancelarlo (todo esto mientras tienes unos 30 años y tienes ganas de vivir un poco la vida).

Luego por fin viene una vacante, me ubican en una planta, tengo cartelera, vacaciones y un sueldo, trabajando a turnos pero siendo feliz de conocer a mis pacientes de un día para otro. A continuación vienen rumores de una OPE y además de todo el sistema quiere que llegues a tu casa y te encierres a estudiar bioquímica de primero o lo que la Constitución dice sobre sanidad. A nadie le preocupa la empatía, la responsabilidad en tu trabajo, la capacidad de comunicarte o de resolver situaciones de urgencia, a nadie le importa si sabes valorar si un paciente está mejor o peor, no...
Admiro a aquellas que han sido capaces de sacar tiempo y ganas para empollar tras haber terminado la carrera hace años, eso que quede claro.
El baremos, eso ya se merecería otro post, pero debo decir que nunca he aprendido nada en ninguno de los cursos que me van sumando puntos. Son pésimos y sólo sirve para que ciertos colectivos se forren con la necesidad que tenemos de ir añadiendo méritos (que no son tal). Gastamos una media de 200 euros anuales en cursos y si quieres ser más práctico puedes apuntarte a un sindicato, te salen más baratos y además disumuladamente te ofrecen las respuestas, ¡¡¡¡bravooo!!!! O mejor aún, ha salido un apartado en el que enfermeras y enfermeros de la talla de científicos como Einstein publican estudios una vez al mes en... las revistas de los ¡¡¡sindicatos!!!! Logrando sumar en 2 años los puntos que yo he sumado en casi 10 años rodando entre planta y planta.
Espero que lean esto aquellos que se frotan las manos con nuestros ceses y que si siguen frotándoselas al menos sea con la información real de lo que está sucediendo.
Salud, suerte y sentido común, ah no que esto es España...

jueves, 28 de mayo de 2015

Las noches

La vida de las enfermeras no se divide en semanas, se divide en ciclos en los que, a los viernes se les llama "salientes de noche", los lunes son la primera mañana y los domingos puedes coincidir en un martes. En los ciclos solemos hacer habitualmente entre 4 y 7 noches mensuales, por tanto las enfermeras (y todos aquellos profesionales que trabajan por la noche) sufren entre 4 y 7 días de "pseudodepresión" en los que todos los que nos rodean nos reconocen insoportables y nosotras mismas nos sentimos insoportables (pero no nos atrevemos a reconocerlo en voz alta).
Los síntomas de lo que vengo llamando "depresión prenoches" son variados y el desánimo es común durante ese día en el que sabes que cuando tu cuerpo te pide meterte en la cama tus piernas deben dirigirse hacia el lugar de trabajo. No tengo datos contrastados pero la experiencia y la observación me llevan a determinar que no voy muy desencaminada cuando hablo de "depresión". Esa mañana te levantas con una vitalidad bajo mínimos, comes a unas horas más raras de lo normal, no te apetece hacer nada en todo el día más que estar en casa, en el sofá y en silencio. Una amplia mayoría de enfermeras no se arreglan para ir a trabajar de noche, el chándal es la prenda estrella para hacer que la transición entre el pijama de casa y el del hospital (y viceversa) sea menos traumático. Necesitamos bebidas energéticas (café o cocacola), muchas compañeras abusan de las chucherías durante el turno de noche y  recuerdo que cuando se permitía fumar, las compañeras fumadoras eran volcanes en erupción.
 El momento de coger el cambio de turno una empieza a despertar de un letargo que ha durado todo el día y asume que la noche ha empezado y que no hay más remedio que trabajar. El cambio de humor es instantáneo, es como un click. Una enfermera se cambia de ropa y click la depresión desaparece, ¿estamos locas o no?

La noche es tal vez el turno más divertido, además del más duro, y es en esas horas intempestivas en las que suceden los eventos más surrealistas. Pacientes que se levantan con el camisón amarrado con un cinturón de cuero, el pañal en las rodillas y el culo al aire buscando la cocina de casa. Pacientes que tocan al timbre y preguntan la hora continuamente. Pacientes que "son" la presidenta de la comunidad europea y que decide vestirse de calle y hacer la maleta para irse. Pacientes que te cuentan que por la mañana les llevaron a Londres a hacerse un TAC "¡Y vaya rápido que se llega a Londres en el ascensor". Pacientes de 90 años que llaman a mamá durante horas (es tierno saber como a las puertas de la muerte una persona con 90 años sigue llamando a mamá). Hay otros que se sienten poseidos por fuerzas sobrehumanas y cuando por la mañana tenían una hemiplejia total por la noche saltan las barandillas de la cama y aparecen en mitad de la habitación. Otros orinan en la botella de beber (no me explico la puntería).
En fin, somos bastante necesarias durante todo el día pero la noche es especialmente delicada para los enfermos. Necesitan de nuestro "arte de cuidar" más que en cualquier otro momento así que ánimo a las que tengan turno de noches ¡Hay que vencer esa depresión! Se nota que hoy he estado de mañanas, ¿eh?

jueves, 29 de enero de 2015

El arma de la ilusión.

La solución de problemas en la vida no dista mucho del proceso de atención de enfermería, el dichoso PAE que nos trae muchas veces de cabeza en nuestro día a día en el hospital.
Valoración, diagnóstico de problemas, planificacón, ejecución y evaluación. No es descabellado pensar que en el momento de afrontar cualquier problema, sea laboral o no, estos pasos nos ayudan a organizar el camino a seguir en la resolución de conflictos.

Llevamos ya ocho meses en el nuevo hospital y los problemas se amontonan causando una profunda desmotivación en el personal. Vivimos tiempos difíciles en los que pocas personas encuentran razones por las que sonreir. Las noticias, la situación económica, la poca capacidad de frustración que tenemos en un mundo en el que todo va cada vez más rápido, son algunos motivos que creo que hace que la sociedad esté triste. El otro día leí que no hay que buscar la felicidad en la vida si no que hay que aprender a vivir y a valorar la vida, lo otro es una utopía que nos provoca frustración y que nos puede llevar a buscar y buscar la tan ansiada felicidad sin encontrarla jamás y sin valorar aquello que se nos presenta. Tenemos dos opciones, o ver la parte positiva o ver la negativa y me temo que en general nos decidimos por ver lo malo. Bajo mi punto de vista esto hace que tras un cambio tan drástico como el de mudarnos de hospital y todo lo que esto conlleva, la gente haya decidido unir sus fuerzas para ver sólo lo malo, así se crea un ambiente contra el que es muy difícil luchar. La gente no encuentra fuerzas para colaborar en la mejora de su trabajo, es mejor quejarse y peor aún, el hecho de que hagas lo que hagas tu recompensa vaya a ser la misma hace que la responsabilidad y la ética personal sean las que guien el desarrollo de nuestro día a día. A todos nos gustan los retos y en la sanidad española no los hay, no hay metas, sólo existe el que uno mismo esté conforme con lo que hace y ya sabemos que hay gente más responsable que otra y más trabajadora que otra. Gran error. Se debería premiar al bueno y castigar al que es menos bueno, por desgracia, así funcionamos.
Hoy hemos creado en nuestro servicio de neurología un grupo de trabajo para intentar evaluar los problemas que estamos teniendo e intentar ponerles solución, estamos en la fase de valoración. Es interesante esta iniciativa y espero que entre todas las integrantes podamos sacar adelante iniciativas que den ilusión al resto porque aunque a veces mis compañeras me digas que vivo en "los mundos de yupi" creo que no hay que perder la ilusión por aquello que hacemos sea organizar unas vacaciones o sea ir a trabajar y no vale echar la culpa a los demás porque nosotros mismos no tengamos ilusión, esa hay que encontrarla en cada uno de nosotros.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Cosas que no funcionan (primera parte)...

Llevamos ya seis meses en el nuevo hospital y es hora de hacer un primer balance. Hemos tenido y tenemos aún un duro trabajo por delante y es que nuestra profesión es dinámica y siempre hay que estar dispuestos a aprender, a preguntar, a escuchar, a leer y aceptar críticas. El cambio del papel al soporte digital ha sido más duro para unas personas que para otras teniendo en cuenta sus conocimientos previos en el manejo de ordenadores y es que el miedo a tocar una tecla y que explote el hospital es algo que ronda por la cabeza de muchas usuarias novatas. Todas vamos aprendiendo y apoyándonos unas a otras, entre toda (y todos, aunque son minoría no debemos despreciarlos) nos hacemos preguntas y vamos indagando en el correcto uso de la plataforma informática millenium. Yo creí que el ordenador iba a estar colgado cada dos minutos y sorprendentemente no es así.
El tema de hoy va a ser aquello que no funciona, así que tras la pequeña, y generosa introducción voy a enumerar aquellas situaciones que me hacen ir como una locomotora por los pasillos de la planta.
La idea de un hospital sin ventanas no se a que se debe y tampoco se cual es el fundamento científico que determina que es más sano el aire acondicionado que poder abrir una ventana y ventilar. Yo cuando estaba con catarro de pequeña mi madre abría la ventana para que se fueran los bichos ¿Por qué no se puede abrir una ventana en un hospital? ¿Alguien me lo explica? Las roscas de los aires acondicionados están locas y algún paciente se ha quedado ya con alguna en la mano, por lo menos no se los han tragado. Sobre el control de enfermería ya hemos tenido goteras dos veces gracias al invento de la refrigeración. Lo que no deben saber los arquitectos, ingenieros y diseñadores de interiores es que en un hospital hay personas y que esas personas defecan (por ser fina) y que hay otras personas al lado que también están enfermas y hay profesionales trabajando a su lado realizando alguna técnica y tampoco deben saber que eso huele y me temo que el aire acondicionado no tiene en el menú la posibilidad del olor a pino, ahí lo dejo.
Los carros informatizados que nos iban a arreglar la vida ya no funcionan, tenemos dos de tres estropeados, así que tenemos que echar mano de nuestra imaginación y sacar, administrar y registrar la medicación usando los ordenadores de sobremesa. El concepto de carro de medicación portátil se murió hace casi un mes, esperamos que nos cambien los monitores. Esos asuntos son más complejos que un recambio de marcapasos, el doctor informático no nos debe hacer mucho caso.


Los robots (llamados manolín) se ríen de nosotras y en especial de nuestros horarios. Aquello que debemos recibir a las cinco llega a las seis y media, aquello que debe venir a las siete y media llega a las ocho y pico. Lo que no debe saber manolín es que lo que transporta son medicinas o comida que los pacientes necesitan con una exactitud que no debería nunca superar los treinta minutos. Así las enfermeras sufridoras hemos creado una especie de "rastro" en el que intercambiamos antibióticos entre nosotras o incluso los intentamos repescar de alguien que ya no los usa para poder hacer nuestro trabajo que no es otro que poner el tratamiento del enfermo a su hora.
Otra pregunta interesante es ¿Cuándo desapareció la primera toma de oxígeno? Pagaría por saber donde está, creo que hay un limbo de tomas de oxígeno que conviven con esos calcetines que desaparecen en la lavadora y conviven todos juntos con las tomas de aspiración en un mundo donde se ríen de mí porque en los apuros nunca nunca nunca hay montada ni toma de oxigeno ni de aspiración, Dios nos guía siempre , gracias a Él.
Los sillones. Cuando llegamos al hospital nuevo éramos felices porque cada habitación tenía una cama y un sillón para cada enfermo, pues bien, en el mercadillo de antibioticos vamos a poner una sección de sillones. Alguno está perdido en el taller y ya sabemos que con que uno desaparezca ya hay que ir intercambiándolos para que todos los usuarios tengan el material necesario para su descanso.
Además de las cosas técnicas que van fallando, hay que sumar el cansancio, la desmotivación y el desánimo que veo en mucha gente a la que los cambios han supuesto un duro golpe en sus típicas justificaciones de "es que toda la vida esto se ha hecho así..." Querría resaltar la poca capacidad de motivación que el sistema inculca en sus trabajadores, esto hace que también nosotros fallemos o mejor dicho que no seamos tan productivos o eficientes como deberíamos ya que el sistema está pensado para que sólo tu propia conciencia sea la que dicte tus actos y esto no debería ser así. Puedo decir que la mayor parte de los trabajadores tienen un conciencia enorme y son capaces de patear medio hospital para conseguir por ejemplo un antibiótico para que se administre a tiempo pero como decía mi profesora de fundamentos, también hay gente que debería haber elegido la jardinería. De todos modos me quedo con el esfuerzo de la mayoría para que el usuario nunca sienta que hay cosas que no funcionan, espero que lo sigamos consiguiendo día tras día.

martes, 7 de octubre de 2014

Enfermeras uniformadas...

Todos aquellos que me conocen saben que me gusta ir cómoda, así que trabajar en pijama es una de las razones por las que, además, me gusta ser enfermera.
Estudié en una uni donde había que uniformarse con cofia incluida. Aquello era lo más incómodo del mundo y ponerse aquel delantal estrecho era lo que más odiaba de las prácticas. En mi vida laboral siempre he utilizado pijamas, así que hace mucho años que no sufro las horquillas clavadas en el pelo para sostener la cofia a la cabeza.
Los uniformes de las enfermeras no son batitas cortas y con escote, como muchos piensan o al menos han soñado alguna vez en su vida. Siento decepcionar a los que ven en el uso de jeringas un mensaje subliminal, las jeringas suelen hacer daño, aviso. Los pijamas constan de pantalón ancho y casaca aún más ancha y cómoda, cuando hace frío ponemos una bata blanca y en los pies se llevan zuecos blancos.Los complementos suelen ir dentro de los bolsillos en forma de bolis, libretas, esparadrapos,tijeras,algún tapón, abocaths,compresor, un par de jeringas con suero... Para los que pensais en el tamaño de los bolsillos debo deciros que SÍ, son bolsillos enormes. Esta es la teoría pero debo decir que la imaginación y la personalidad de cada una marca la diferencia en sus trajes haciendo que éstos no sean tan feos, tan blancos y tan... uniformes. En estos detalles podemos encontrar la diversidad dentro del mundo de las enfermeras.
En la ropa en sí ya hay marcadas diferencias entre unas y otras, las hay que se piden tallas ceñidas y desabrochan el botón de arriba para crear un falso escote en V, luego están las que son como yo que pedimos talla más grande de pantalón para ir amplias y últimamente, estoy observando en los enfermerOs jóvenes que llevan pantalones caidos.
Los zuecos. El mundo del calzado sanitario es amplio y es lo que más me gusta observar entre las compañeras ya que creo que dice mucho de la persona el calzado que lleva. Cuando sólo ves a las personas con uniforme es difícil saber cómo es su estilo en la calle, mirando sus pies te llevas una gran información. La teoría dice que debemos llevar un calzado reglamentario, creo que eso es un error de estilismo enfermero. Tienen que dejar que expresemos nuestro YO en el calzado. Los zuecos crocs son la revolución, son comodísimos y con un diseño informal pero profesional y además te permiten adornarlos con algún pin de animal o personaje de comic, ejem, ese es mi caso, lo admito. Hay gente que lleva zuecos de colores, de silicona y luego están algunas que llevan zapatillas de deporte blancas. Reconozco que estas últimas son las que mejor me caen, suelen ser personas dinámicas y divertidas.

Los bolis, son otro punto diferenciador entre nosotras. Puedes reconocer a la enfermera que trabaja en pediatría porque siempre llevará un boli con una enorme cabeza de muñeco con el que entretendrá a los peques mientras les prepara algún pinchazo. Las que trabajamos con adultos llevamos bolis normales, siempre de click, casi nunca de tapa porque las tapas siempre se pierden y los bolis suelen teñir nuestros uniformes de tinta.
Sobre lo que nos ponemos encima cuando hace frío también hay grandes diferencias. Hay la que nunca tiene frío y va siempre en manga corta o la friolera como yo que lleva siempre la bata por si refresca. Luego está la que lleva una chaqueta....¿por qué siempre las chaquetas de enfermera son azul marino? Y luego está la despistada que siempre olvida la bata y tiene que ponerse encima una chaqueta de pijama de paciente o una de esas batas de papel de los pacientes aislados.
Por último no puedo dejar de mencionar un complemento que se puso de moda hace un par de años, las muñecas de enfermera colgadas en forma de broche en los uniformes. Hay miles de modelos y su rasgo característico suele ser un pelo muy alborotado, no se si será un mensaje de la locura que suele acompañar a las enfermeras, creo que sí.
Como veis no somos tan uniformes como creíamos, cada una expresa su personalidad en la ropa de trabajo o en los complementos. Hay algunas que van perfectamente maquilladas,con el pelo al viento o con joyas a juego o hay otras que vamos con la cara lavada, con una pulsera de hilo como mucho y que llevamos el pelo en una cola que nos quitamos al final del turno. Hay muchos tipos de enfermeras, fijaos y os sorprendereís.

martes, 9 de septiembre de 2014

Cosas que pasan cuando estás de vacaciones...

Se terminaron las vacaciones y ya estamos inmersos en un nuevo curso. Septiembre es una época de cambios, yo suelo hacer balance del año y pongo en una balanza aquello que me sirve y aquello que me sobra. Es época de ordenar de nuevo la dieta, los hábitos saludables como el deporte y para luchar contra el desanimo que a todos nos provoca el otoño comienzo a idear próximas escapadas o planes de futuro que adornen un poco el tedioso día a día, turno a turno. Tengo entre manos el inicio de algún curso y como leí en un libro, no hace mucho, hay que plantearse las cosas de la vida como "juegos". Todo aquello que nos divierta es bienvenido, hay que aprender incluso a "jugar" en el trabajo, hay que reirse más. Este es otro de mis nuevos planteamientos.
La evolución de nuestro nuevo hospital será protagonista en alguna nueva entrada, hoy quiero hablar de la mirada de la enfermera cuando está de vacaciones.
La deformación profesional de la enfermera me acompaña en mis ratos libres y en vacaciones más aún ya que estoy más relajada y miro más a mi alrededor. Reconozco que soy observadora y me fijo en las personas que pasan por mi lado, en la playa me encanta escuchar las conversaciones ajenas (soy culpable) y muchas de éstas giran entorno a la salud. Sonrío disimulada cuando hablan de tomar un "termagil" o hablan de su "diabetis". El otro día vi a un grupo de señoras mayores merendando las típicas galletas príncipe que mi abuela escondía en el bolso cuando íbamos a la playa. Después de la merendola veo cómo una de ellas se aplica sin ningún tipo de reparos la dosis de insulina en el brazo izquierdo, sólo siendo enfermera una le puede ver la gracia a eso.
En la playa también me llevo las manos a la cabeza cuando veo esos brazos tatuados de arriba a abajo mientras pienso "dónde pincharía yo a este en ese brazo". La gente debería pensar más en cuando se pongan enfermos antes de convertir sus venas en potenciales puertas de entrada a tintas de colores. Me fijo también en aquellas chicas que "parirán con dolor" ya que tienen tatuajes justo en la vertebra que hay que infiltrar para la anestesia epidural, ¡toma parto natural!Las venas son nuestra obsesión y a una enfermera se le cae la baba con un brazo atlético no por su atractivo si no por esas venas que llamamos "cañón" para las que calculamos el calibre del abocath que usaríamos.
 Los parches. Siempre pienso si será de nicotina, de nitroglicerina, de hormonas o de morfina. Hago un escaneo completo a su portador. Luego están las cicatrices, siempre pienso qué le sucedería a la persona y casi siempre llego a la conclusión de que son de prótesis de rodilla, de hernias o de apendicitis. Como veis le deseo males muy llevaderos a mis compañeros de playa. Las quemaduras solares son otro mal que hace saltar mi mirada, ¿cómo hay gente que toma el sol con esa piel en tensión y roja como el fuego?, ¡están locos!
El otro día en mi jornada de playa estuve preocupada por el bebé que tenía al lado, era en Tenerife, las cuatro de la tarde, agosto y el bebé no llevaba nada encima, ni una gorrita, ni vi al padre darle agua ni una vez. A punto estuve de irme por lo nerviosa que me puso.
Hace unos años en aquella misma playa la enfermera en vacaciones tuvo que acudir en ayuda de tres personas que habían caido desde el paseo a las rocas, ayudé a los policias y bomberos al triaje y en especial a calmar el ataque de nervios de una de las accidentadas que al oir "tranquila que soy enfermera" parece que ya estaba más aliviada de su dolor. En otra ocasión atendí a un guiri con una hipoglucemia en medio de un festival de villancicos.
Como veis ni en vacaciones una deja de ser enfermera ya que en mis ratos libres también recibo llamadas
de familiares para comentarme resultados de analíticas o mis amigos que me piden consejo de qué pastilla tomarse para poder dormir o buscan en mí la seguridad de que las decisiones que toman respecto a sus problemas de salud ya sean insomnio, malas digestiones, dolores articulares o heridas de zapatos son correctas. Tener una enfermera en casa siempre ayuda aunque a veces somos aquellas a las que menos caso hacen, eso sí siempre buscarán nuestra aprobación.
Me gusta ser enfermera, me gusta ser necesaria para aquellos a los que quiero y me gusta no dejar de ser lo que soy incluso en vacaciones.